¡Hola, amigos de Hive! ¡Espero todos se encuentren en buen estado de salud!
Estos días he estado bastante ausente del blog debido a que las incontables horas que debo dedicarle a mi trabajo como profesora de secundaria. Bien es sabido que la pandemia nos tomó a todos desprevenidos; sin las herramientas necesarias para brindar a los estudiantes clases de calidad y sin contar que muchos no estábamos dotados en el manejo de ciertos programas como zoom, transmisiones en vivo de Facebook, Google Meet, Google Classroom y un largo etcétera. Sin embargo, estamos haciendo todo el esfuerzo para aprender y lograr los objetivos planteados; cosa que en mi opinión personal no es valorado por los estudiantes ni por los mismos padres de familia.
Cuando comencé en Hive, lo hice para no seguir en la rutina de las clases a distancia que estaban haciendo de mi vida un martirio. Todos los días hacía lo mismo y Hive se convirtió en un escape, un desestresante natural. Al inicio fue difícil balancear el tiempo entre las dos cosas; en la mañana dictaba mis clases, hacía almuerzo y luego me sentaba un rato en la computadora a ver todos los acontecimientos en Hive; participaba en uno que otro concurso y veía las publicaciones de los demás. Pero éstas últimas semanas el trabajo ha absorbido mucho mi tiempo que sólo puedo ver por menos de una hora las publicaciones o lanzarme de lleno en esos concursos que siempre hacía, ya que soy una ferviente fan de los concursos de relatos.
Tanto ha sido así que cuando quiero sentarme a escribir algo para mi blog, el bloqueo surge inmediatamente, ya que mi mente está en las obligaciones que tengo del colegio, que es mi principal fuente de ingresos. Para mí eso es un suplicio porque soy de las personas que si no hace las obligaciones del día no puede dormir en paz. Entonces mi tiempo en hive se redujo drásticamente estas semanas y por eso me encuentro aquí, un viernes, escribiendo el desahogo personal de lo que se ha convertido una profesión que debería ser una vocación.
Las clases a distancia han sido tan complejas; no sé si para los demás, que ahora trabajamos más que antes, pero nos pagan menos (en mi caso). El sólo hecho de pasar mas de 8 horas entre hacer las clases y las diapositivas para presentar al día siguiente es algo que deberían recompensar, pero nadie piensa en los profesores, esos que con pandemia o sin pandemia siempre han sido maltratados y mal pagados. Los padres se quejan de las clases, de los horarios, de los profesores, de nuestras herramientas y de paso no pagan las pensiones correspondientes (colegio privado), algo que nos dejó en incertidumbre en el mes de abril, cuando todos pensamos que cerrarían el colegio donde trabajo por falta de pagos de dichas pensiones. ¿Ya entienden por qué ha sido todo un suplicio?; Pensar en buscar otro trabajo en esta situación fue bastante estresante.
En mi opinión, las clases a distancia son un total fracaso, los alumnos no aprenden como deberían y tampoco están entusiasmados a ello. No hay interés de parte del alumno ni de los padres en hacer supervisión en sus casas ya que nosotros no podemos en esta situación; lo que ha aumentado la deserción escolar. Y para completar el show, como decimos, la falta de consideración y responsabilidad de los padres de familia en el pago de las pensiones han hecho de este año escolar un total suplicio, martirio y cualquier otro sinónimo que se aparezca por ahí, convirtiéndonos en personal administrativo también, ya que debemos estar detrás de ellos para que cumplan sus obligaciones, tal como hacemos con sus hijos.
Lo que les cuento es solo la experiencia de una profesora en tiempos de pandemia que no le ve ni pies ni cabeza a dicha modalidad. Claro, que volver a las clases presenciales sería mucho peor. Hacemos el esfuerzo, pero siento que no hay resultados y tampoco apoyo del ministerio de educación en darnos las herramientas necesarias. Seguro alguien tiene una mejor experiencia que la mía y se siente más a gusto en dicha modalidad, pero he conversado con algunos colegas y todos opinan igual, aunado a la frustración de sentir que pierden tanto tiempo haciendo clases para que muchos estudiantes no cumplan con las tareas.
Les juro que a veces he estado a punto de tirar la toalla pero mi compromiso es mas importante con aquellos alumnos que no merecen ver un profesor convaleciente.
Gracias a todos por visitar mi publicación, espero sus comentarios y gracias por su apoyo, ¡hasta la próxima!