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Soy el perro que lame tus sábanas. También soy el esclavo de tu boca, de tu pelo, de tu mirada, de tu sonrisa. Vine a disolver flores sobre el ímpetu de tu rencor. Sobrevolé entre tus gestos, como un ave exaltada por el perfume del aire.
Amo la leve inclinación de tu saludo, como una santa que se desnuda ante las nubes. Después de todo quedó la excitada locura del viaje rozándonos allí en las escamas del viento.
Sobre tu cuerpo de piel canela soy las caricias de una fantasía prevalente sin fin. Soy explorador de tus labios, sobre una demanda de saltos fortuitos por la excitación del momento.
Pierdo mi mirada en horizontes sobre tu rostro y con ojos cerrados creamos el mundo. Quedó la furia de lo que nos toca en la cercanía de las manos. Quedó la furia de lo que nos toca en la cercanía de los labios.