Hoy ha sido un día cargado de emociones encontradas.
Como muchos saben, mi hermana es sobreviviente de cáncer de mamas grado 3. Ha pasado por quimioterapia, operación y radioterapia. Eso fue en el año 2014, el mismo año en que mi madre falleció, después de una lenta y penosa enfermedad.
Posteriormente, el año pasado, el cáncer volvió a la vida de mi hermana. Fue un año también muy dificil. Le tuvieron que hacer mastectomía radical. Ella se sentía mutilada, devastada por completo. Su autoestima se fue al suelo. Pero poco a poco fue superándolo y aceptando estar sin esa parte de su cuerpo, además de la cicatriz que le quedó allí. Por ahora, una reconstrucción de su pezón, es inviable.
Hace un mes, fue a su chequeo de rutina y le han descubierto ocho nuevos quistes. Ya te podrás imaginar la montaña rusa de emociones que hemos tenido. El miedo a volver a pasar por todo de nuevo, la inseguridad de pensar qué va a pasar, los deseos de que todo salga bien, la fe de que así será y de nuevo la inseguridad ante el futuro.
Sus hijos y yo, le hemos dado ánimos, la hemos abrazado con palabras, con el cuerpo y con el alma. Ella por momentos, saca una bonita sonrisa y al día siguiente, se derrumba en llanto.
Mañana será su nueva intervención quirúrgica.
Por eso, hoy nos reunimos en su casa, la familia que está en la ciudad (dos de sus hijos, mi hijo, ella y yo).
Hicimos pizzas, tomamos una copa de vino, vimos películas en Netflix y jugamos Spot it.
Ella hoy ha estado por momentos alegre y llena de esperanza, como en estas fotos y en otros momentos vuelve a llorar.
Yo lloro por dentro. Me he tenido que esconder en el baño y llorar en silencio para que ella no se de cuenta de lo nerviosa y asustada que estoy.
De verdad me aterra todo esto. La gente piensa que yo soy fuerte por todo lo que me tocó pasar durante los cuatro años en que mamá estuvo postrada en una cama. Y no, no soy fuerte. Simplemente me tocó atenderla, asearla y cuidarla en todo sentido. Tenía que hacerlo, por Dios. Era mi mamá. La mujer que amé con la vida. La mujer que me trajo al mundo y a quien le debo TODO lo que soy.
Y al mismo tiempo que la cuidaba a ella, estaba pasando por un proceso de divorcio y debía atender a mi hijo que apenas tenía un año de edad y mi trabajo que, afortunadamente, me dieron licencia para hacerlo desde casa, dadas las circunstancias.
Los eventos anteriores fueron tan rudos, llenos de tanta tensión y hoy se comienza a repetir la historia. Yo solo espero que todo salga perfectamente bien, que ella logre de nuevo levantarse como la mujer triunfadora que es y que esto no vuelva a repetirse. Porque la amo, tanto como si fuera una madre para mi, porque siempre me ha cuidado, desde que yo era una niña. Me cuidaba y me consentía siempre.
En el fondo de mi corazón, tengo la convicción de que todo va a salir bien. Que mi amada hermanita, va a salir perfectamente airosa de esta nueva operación. Eso es lo que trato de decirme a mi misma. Pero a veces regresa el miedo y vuelve a arroparme la vida. Definitivamente si, es una montaña rusa de emociones. Una montaña rusa tan alta como la de Tibidabo, Barcelona.
Así estoy y necesitaba compartirlo, escribirlo, hablarlo o explotaría por dentro.
Gracias por leerme.