Cansada de ser la tonta del cuento,
Cenicienta cuenta la historia a su manera,
para dejar de ser la niña sumisa
harapienta y sucia, gobernada por su madrastra,
maltratada y opacada por sus malvadas hermanas.
Eso, ya forma parte de la historia
no quiere vestidos abombados ni carrozas anticuadas
tampoco quiere príncipes irreales de amores imposibles.
Llegó la hora de tomar el control
Emergiendo del obscuro pasado hacia la modernidad.
Cambia los harapos por una minifalda ligera,
Se descalza las pantuflas por cómodos deportivos,
desmaquilla sus ojeras, y ruboriza sus mejillas,
mientras libera su cabello de retrógradas horquillas.
Logró ajustar acuerdos con su hada madrina,
Convenciéndola de dejarla permanecer en el baile
hasta el amanecer bailando con su chico,
sin la zozobra de la media noche.
Con respecto a su madrastra y hermanastras,
decidió romper la tóxica relación con ellas
hacerse de un círculo de amistades nuevas,
proactivas y afines a sus nuevos intereses.
En cuanto al amor, nada de casamiento,
por ahora, ella y su renovado amor,
decidieron vivir su romance día a día
y lo de somos felices por siempre,
se lo dejaron por encargo al tiempo.
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