La casa tentaculada
Un tétrico esqueleto de piedra caliza y expresión vacía… Fue lo primero que le vino a la cabeza. Levantaría un hacha de cobre roído por el paso del tiempo y avanzaría con andares de sifilítico. Si el suelo estuviera vegetado, se marchitaría a su paso todo ser viviente, igual que lo hace el día cuando da paso a la noche: de una manera gradual; aunque en el caso del esqueleto mejor que sea más rápido, gradualmente casi instantánea.
Tentáculos interminables y viscosos formarían una cordillera lejana, gigante e infranqueable de agrietados poros de los que la sangre podría manar, como lava, formando ríos que descienden por la ladera interminable hasta los pies de la casa. Ésta de techos mármol negro y acero destartalado que forma una estructura preciosa y decadente.
El esqueleto lanzaría el hacha para dejarla clavada en la entrada. Como el aguijón de una avispa en la frente de un bebé, que lloraría y lloraría hasta que alguien pasara y el esqueleto fuera a por ese alguien con el hacha, quitándosela de la cabeza al niño, quien comenzaría a desangrarse. También habría un ciprés enorme en llamas, a la derecha. Que a pesar de arder sin descanso jamás acabará de combustionarse; condenado para siempre a ese dolor ardiente, como quien cumple sin fin una infernal penitencia a pagar por crímenes pasados y brutales.
La casa de acero negro, así podría llamarse. No estaba seguro, quizá… La casa tentaculada.
Alrededor del lugar todo sería vacío. Un vacío difuso y confuso a la vez. Un lugar que devoraría la mente de todo aquel que lo imaginara y que, de llevarse a cabo, sería la atracción principal y más terrorífica de todo el parque (si perteneciera a una especie de parque de terror o diversiones terroríficas). Y cuando el parque cerrara, el esqueleto descansaría en las cochambrosas escaleras de la casa, sin odio, sin prisa y sin pena. A la espera de nuevos visitantes en un nuevo día, o una nueva noche…
Quiso pensar más sobre aquel lugar. Pero sonó el timbre de casa y con ello volvió al mundo. Lo venían a buscar, ya seguiría. Cerró su cuaderno de bocetos y se apresuró a prepararse. Hoy era un día señalado pero eso al esqueleto no le importaría nada de nada en realidad.
Dibujos de un pensamiento negro que no llegan más allá del íntimo entretenimiento de un chico cualquiera...

Este es un microrrelato que escribí y compartí hace unos dos años; encuentra aquí la publicación original. He pensado que voy a revisar y ordenar mis textos, mis relatos y mis poemas; corrigiendo aquí y allá, tratando de mejorarlos. Además, un poco de organización no vendrá mal a la hora de tratar de darles uso. Así que los que vaya teniendo listos y/o me gusten, los traeré de nuevo por aquí para conocer sus opiniones.
¡Saludos y gracias por pasar a leer!
