Ella busca el centro vital,
sin acertijos.
Excava las profundidades
agitadas, siniestrales.
Punzan su rostro
picos metálicos
Y la sangre desborda
en finos hilos
por la comisura de sus labios.
Vuelos de cuervos
rodean el espanto.
Esa estática mujer,
enferma de quebrantos,
oye el eco lacerante,
acusativo, ignominioso.
Baja la cabeza,
gritar no puede,
se ha quedado sin voz.
(Sometida a las templanzas...
Sólo tensa el arco)