Cuando lleguemos a mirarnos otra vez, amor, en tan ansiado encuentro, que a tener lleguemos, por ahora prorrogado; nos abrazaremos tanto, tratando de recuperar todo el tiempo perdido, tras los meses alejados que nos quiso retenidos, que las manos temblaran del gozo, como tiemblan las de un niño desenvolviendo su regalo más preciado, en día de cumpleaños.
Cuando lleguemos a vernos y logremos de nuevo sentirnos, tal vez fuese necesario, llevar aprendido, como leído de un libro, que es lo importante tras el dolor recorrido para afrontar nuevos caminos que nos queden por lidiar, sin tener nada previsto.
Cuando lleguemos de cerca a tocarnos, nos miraremos a los ojos, como el que tiene delante, el destino, y nos reconoceremos en la mirada, por su reflejo y su brillo, en tan solo décimas de segundo.
Y nos perderemos en la voz y en la sonrisa, alzando unas copas de vino, y brindando por ti por mí, y como no por la vida, por todo lo dejado atrás, en espera, ausencia y nostalgia.
Cuando podamos encontrarnos, no nos guardaremos rencor, tampoco más besos, de los que quedan anclados en gélidas bocas de amores perdidos.
Pues solo nos quedará ese aquí y ahora, para revivir sentimientos tallados a fuego, tras los meses sufridos, en llama de un infierno, de pasión no consumido.
Cuando podamos encontrarnos las palabras se harán silencios, convertidas en suspiros, y mis versos sonarán como un eco del sonido del viento reprochando !Cuánto has tardado corazón! ¿Por qué dejaste pasar tanto tiempo? Mi alma te estuvo esperando, sobre sendas de abrazos cautivos, ausentes pero latiendo, y aún hoy adormecidos deseando ser liberados.