Que se canse el viento de soplar, el sol de esperar la luna, y que ya no pase más el tiempo.
Se detuvo mi búsqueda incesante de buscarme a mí misma entre mi propio escondite; salí de mi cascarón y asomé por un instante a donde por más de tres vidas nunca pude mirar, extendí uno de mis dos brazos a donde nunca hubo nada y tu mano me encontró.
Luz del alba, que desde aquel roce que por cierto no existió, porque eras y no eras, estabas pero no estabas, a veces alguna risa otras tantas eran llanto, volabas, y yo llegué a detener tus alas
Me quedé anclada en el puerto en donde guardas la barca, en que viajaban mis sueños, esperando despertar un día y verte, sueños, que de tantos amaneceres helados sin abrazar más que las frías almohadas, se volverían realidad.
Peces nadando fuera del agua, destinos en donde no existían los caminos para realizar el viaje, pero mi instinto de lobo, y los brazos de mi luna fiel me hacían seguir unas huellas que ni siquiera se habían marcado en la arena.
Luché guerras sin que hubiera guerras, y según mi maldito ego, triunfé en batallas que solo yo conocía, aves sin alas, rostros sin sonrisas, porque los tiempos lo habían borrado todo.
Pero dos manos tomadas una de la otra, en donde ni siquiera se habían tocado jamás, se unieron, empezaron las miradas, las sonrisas, los poemas y canciones y ella las frases bonitas; a repartirse caricias, que tanto necesitaban y aunque nunca se las daban, cada noche uno le entregaba al otro, su ramillete de anhelos de dos almas que decidieron ya nunca más separarse.
Es verdad...fuimos la luna y el sol... pero después de un repertorio de te amos sin principio ni final; una tarde de cualquier día el sol ya no quiso esconderse, porque se apagaba su luz, y aquella luna de ojos bellos, se quedó para que con sus rayitos volviera a brillar su sol.