Estoy feliz porque volviste a brillar, ya no pensaste en el pasado y fuiste capaz de dejar todo atrás de nuevo, sé que ya te había pasado antes, pero lo hiciste, regresaste.
Sonreíste otra vez y eso fue grandioso, dejaste de contar los días, ya no se los restas al calendario y no cuentas los minutos faltantes al día.
Me alegra tanto que aceptaste amar de nueva cuenta, que no olvidaste pero aprendiste a mares y eso es lo que importa, el aprendizaje.
Cantaste otra vez, las canciones de amor, las de desamor, las buenas y las malas, pero cantaste, regresaste por la puerta grande y agarraste bien todo este rollo del amor.
Me encantó ver que ya te tomas el café y no le agregas cucharadas de melancolía, ahora le pones cubitos de alegría y le agregas algo de canela.
Bailaste otra vez esas baladas que amaste en el fin del invierno y toda la primavera, esas que ya no querías volver a sentir, bailaste y lo hiciste con todo tú ser y con ese sentimiento que regresó después de ausentarse por varias lunas.
Estoy contento de verte así de nuevo, así de pleno, de radiante, así como nunca debiste dejar de ser, con ese ímpetu y esas empecinadas ganas de dar siempre lo mejor.
Gracias por regresar y estar conmigo, por hacerme ser quién soy, por volver, por no darte por vencido, por aprender, por perdonar, por todo, por no querer dejar de amar, por sanar, por cicatrizar, por la poesía que me vuelves a dar, por todo, ya volviste y soy feliz de nuevo, por volver a verte, a sentirte, por unificarnos de nuevo, gracias por eso.