Cómo todos los años, adelantamos el intercambio navideño familiar.
Este año se incluyó un nuevo miembro, mi sobrina Marcela. Decidimos cada quien darle un regalo, mi papá y mi mamá le dieron un vestido de princesa (la verdad, no se de cual fue), mi hermana “el dentista” y yo un estuche con pinturas de belleza postizas, porque le encanta pintarse los labios.
El adelanto de la fecha de intercambio, fue mi culpa, lo hicimos el 11 de este mes, pero si hubiera sido por mi, lo hacíamos el sábado 4.
El regalo que compre lo tenia guardado desde hace meses y ya quería dárselo a mi mamá, sabía que lo que le iba a dar le iba a encantar. Le regale una pintura a mano de la Conga (la perra que mas ha querido en su vida), unas orquídeas para su consultorio y unos audífonos con un micrófono adaptado, para sus ponencias y clases.
Y tal como lo dije, así fue. Cuando abrió el cuadro en donde venía la Conga pintada, se le pusieron los ojos llorosos y me dijo -es la perra que más he querido-.
La historia de la Conga es muy simbólica, porque cuando la Noia mi perra, tuvo crías, le dije a mi mamá que le iba a regalar una (porque la perra que tenía “Lola” ya era viejita y quería que el duelo no fuera tan fuerte). Al principio eligió a la Conga, porque la resucitó cuando nació, ya que le costo respirar, pero después mi papá la convenció de una negra que llamamos Lela.
Cuando los cachorros tenían 2 o 3 meses, entraron a robar a mi casa, se llevaron algunas cosas y una de ellas fue la Lela, lo material fue lo de menos aunque se habían llevado la caja fuerte con las joyas de mi yaya, lo que más nos importó fue la Lela.
Hubo un largo cuestionamiento hacia la señora que nos ayudaba con la limpieza, porque no había chapas forzadas ni cajones desordenados, pero no podíamos culparla sin tener evidencias, aunque mis papás están seguros que fue ella.
Mi mamá estaba muy triste por la Lela y decidí llamarte a Elena, amiga que era dueña de Rocko el papá de los perros, para decirle que le compraba a la Conga. En ese momento la perra de Elena, había tenido crías y me dijo que no me preocupara, que me la regalaba. Ese mismo día pase por ella a un negocio que tenía y en la noche, con un moño en la cabeza, se la di a mi mamá. Fue padrisimo porque lloro, la abrazo y desde ese momento se han vuelto inseparables, pero ya no sanamente jajaja, hicieron una simbiosis.