Ella es Begoña, la que me acompaña todos los días al consultorio a atender a mis pacientes. En el momento en el que mi analizante se sienta en el sillón de dos plazas, ella corre a sentarse a su lado, los mira fijamente y cuando la acarician decide acostarse y dejarlos de incomodar con su mirada.
Tengo cuanto perros, pero siempre me llevo a ella. Mi hermana me dice que no sea mala onda y lleve a los demás, pero la verdad es que se portan fatal.
Noia en el coche va brincando de un lugar a otro, Pancho no deja de llorar para que lo cargue y Kiri de un momento a otro desaparece de mi lado.