Hace un año, me pidieron participar en un cuento para padres confundidos, de las problemáticas que están pasando actualmente con los niños y adolescentes. A mí siempre me ha gustado mucho escribir, por algo estoy aquí XD.
Lo que más me gusta escribir, son cuentos y novelas, así que sin pensarlo, le dije que sí. El cuento que le mande, la verdad estaba muy denso (pensando en qué solo sería para los padres). En el cuento hable del abuso sexual que se viven los niños en los orfelinatos, el abandono y la violencia.
Hace un par de semanas, me volvió a hablar el mismo psicoanalista que me pidió participar en el cuento, para volver a escribir otro. Pero menos denso que el pasado porque los padres se lo leían a los hijos y hablaba de temas muy fuertes.
En el nuevo cuento que hice, hable del duelo, la verdad es que quedo muy lindo, ya se los compartiré en otro post. En este post me gustaría compartirles el primer cuento que hice en el que hable del abandono, violencia y abuso sexual. Lo dejo aquí abajo, espero que les guste :)
Sueños que no se hacen realidad, realidades que se hacen sueños
El día en el que nací, mi madre con tan solo 13 años de edad, decidió dejarme en una pequeña canasta, envuelto en una sábana y con un papel que decía:
Muchos hablan de la maternidad, haciendo criticas sin saber lo que realmente es. Cada mujer es un mundo diferente y hasta que realmente sientes a un ser vivo moviéndose en tu vientre, puedes saber a lo que te estas afrontando y es cuando usas toda tu fuerza para prepararte mentalmente, para ya no solo pensar en ti y tu miseria y poderle dar una mejor vida a ese bebé que llevas dentro. Miseria, si, mi vida es miserable, soy una mujer de muy bajos recursos, vivo en extrema pobreza o cómo otros dirán, soy un despojo de la sociedad que vive en condiciones infrahumanas y puede pasar días sin comer. Para no abrumarlos con tantas palabras y puedan leer cada una de ellas, que escribo con un dolor innombrable en este trozo de papel, solo espero que cuiden a este niño como a mi me hubiera gustado hacerlo, pero esta sociedad tan atroz, individualista y clasista, no me dejó, cómo a otras madres que si les dio la oportunidad.
Tal como lo dijo mi madre, soy varón y me llamo Sebastián, El nombre me lo pusieron en el orfanato, cuando llegué en esa pequeña canasta el mismo día en el que nací. A veces dicen que las personas no les ponen nombre a un perro que rescataron, por que si no, se van a encariñar con ellos y se los van a quedar. Supongo que eso también pasa con los humanos y por eso mi madre decidió no ponerme un nombre, porque me iba a querer y después querría quedarse conmigo. A veces me siento como un perro de la calle, que fue rescatado, abandonado, sin una familia, sin ningún valor ante la vida y me pongo a pensar en el por qué mi madre tuvo las agallas para dejarme, cuando otras familias aman a sus hijos más que a nada en el mundo y darían su vida por ellos.
Mi estancia en el orfanato fue confusa, a veces era feliz, emocionante, triste y muy difícil. La señora Magdalena es la que se hacía cargo de nosotros y vivía ahí para estar pendiente de situaciones que pudieran pasar en la noche, cómo si nos enfermábamos, había alguna pelea o alguno de los niños tenía una pesadilla y no podía dejar de llorar. Era una mujer alta, robusta, de pelo negro y largo, tez blanca y ojos cafés, pero tan obscuros que a veces se veían negros. En cuanto a su personalidad, era extremadamente estricta, pero algunas veces muy bondadosa. A veces nos gritaba sin sentido o todo el día se la pasada de mal humor, pero la entiendo porque éramos tantos niños que a cualquier persona hubiéramos sacado de quicio. Lo único que hubiera cambiado en ella es que nos hubiera protegido más, sido un poco más cariñosa y en relación a esto, considerada con nuestras necesidades emocionales. No negaré que a mi no me hacían falta más caricias, apapachos, abrazos, besos o palabras lindas que me hubiera encantado escuchar, pero tenía amigos que llegaron más grandes que yo al orfanato, maltratados, violados, quemados por cigarrillos o agua hirviendo, explotados laboralmente y sexualmente y algunos de ellos con el rostro deformado por las golpizas que vivieron. Ellos si que necesitaban más amor de la Sra. Magdalena, paz y tranquilidad. Lo único que nunca le perdoné es que algunos de los niños, incluyéndome a mi, con temor, pero valor, le hayamos dicho que el señor Ignacio que es el que hacía la limpieza, abusaba de nosotros y no hiciera nada al respecto, solo lo negara y nos tomara por locos. El Sr. Ignacio siempre lo hacía cuando entrabamos al baño, se bajaba los pantalones y nos obligaba a que le hiciéramos cosas u otras veces hacía que nosotros nos quitáramos los shorts y también nos hacía cosas y decía que solo era un juego, pero era un juego que nos lastimaba mucho, algunos lloraban, pero yo siempre intente aguantarme porque pensaba que no podía mostrarme vulnerable ante ellos, ya que a mi no me había ido tan mal en la vida. Me encantaría escribir que es lo que nos hacía, pero no lo recuerdo, o tal vez no lo quiero recordar.
Muchas veces soñaba que estábamos todos los niños jugando en el patio -congelados- con la Sra. Magda y de repente llegaba el Sr. Ignacio, al verlo, todos nos espantábamos y nos escondíamos atrás de los arbustos, pero en cuanto la Sra. Magda lo veía, corría hacia él con un martillo de plástico y le pegaba en la cabeza, mientras le decía que no volviera a acercarse a nosotros en su vida. Cuando soñaba eso, despertaba feliz y comenzaba mi día con una sonrisa hasta que me afrontaba a la realidad y me daba cuenta que finalmente era un sueño, solo un sueño que quería que se volviera realidad.
Pero a pesar de todo esto, le tenia un amor-odio a la señora Magdalena impresionante, puedo decir hasta ahora, que fue una imagen muy importante en mi vida y que no hay un solo día que no deje de pensar en ella. Este amor también lo hubiera tenido por mi madre, aunque hubiera vivido cosas terribles cómo mis amigos, pero decidió dejarme y no luchar por mi, cómo si no valiera nada, quizás por eso me siento así.
Siempre pensé que cuando me adoptaran iba a ser el niño más feliz del mundo ya que por fin iba a tener una familia que me adorara y me protegiera ante cualquier situación que me pusiera en riesgo o me lastimara. El día en que sucedió, yo tenía seis años. Antes de llevarme con ellos, mi actual mamá llamada Rosa, mi papá Ernesto y mi hermano más grande que yo, llamado Estefano, hacían dos visitas por semana al orfanato para platicar conmigo. Siempre un día antes de que me vinieran a visitar, no podía dormir y fantaseaba con aquel día en el que me dijeran que ya me podía ir con ellos, pero no era así, tuvieron que pasar 5 meses de visitas para que ellos estuvieran seguros de querer formar una familia conmigo y yo con ellos.
La última visita, me pregunto la señora Magda si estaba listo para irme a vivir con ellos y yo con una sonrisa gigante de oreja a oreja le dije que si. Yo sabía que la Sra. Magda, aunque no lo demostrara, estaba un poco triste porque ya me iba, pero a la vez feliz porque iba a tener una familia por fin, o quizás solo era lo que quería creer, nunca lo voy a saber, pero me gusta pensar que formaba parte de un pequeño espacio de su corazón. Para mi, fue como mi madre 6 años de mi vida. Dicen que madre solo hay una, pero eso no es cierto, yo tengo tres madres, aunque a una no la recuerde, otra se haya quedado en una pequeña e importante parte de mi vida y Rosa que es la que continua a mi lado hasta ahorita. Regresando al día de mi adopción, en el momento en el que me subí al coche con la que seria mi nueva familia, sentí un hoyo inmenso en la panza, no entendía que era lo que me pasaba, pero me sentía infeliz, triste, devastado y con ganas de regresar nuevamente al orfanato. Ahora que ya tengo 20 años y tengo más recursos para poder poner en palabras lo que siento, pude llegar a tres conclusiones de mi vida que me hicieron sentir más tranquilo. Puedo decir que no le echo la culpa a mi madre por haberme dejado, finalmente era muy pequeña y le daba terror que viviera la misma vida que ella tuvo, una vida tan injusta, que no la dejo quedarse a mi lado. En relación a la familia y el día en el que me adoptaron, me sentí tan triste cuando pensé que iba a ser el día más feliz de mi vida, porque finalmente una familia no solo la forma una mamá, un papá y un hermano, mi familia desde que nací eran mis compañeros del orfanato, con los que estuve 6 años de mi vida, compartiendo cosas felices o tristes día y noche y claro que la señora Magda que siempre estuvo ahí, aunque algunas veces ausente. A la última conclusión que llegué fue que agradezco a la vida por haberme dado una familia tan linda que me acogió y me volvió su hijo, que me dio herramientas para que saliera adelante y me volviera en el hombre que hoy en día soy, pero sin dejar al lado mi pasado, que, sin esperarlo, todo el tiempo está regresando.