«En la lucha contra la realidad, el hombre sólo tiene un arma: la imaginación.»
—Teófilo Gautier
Ascensión
Luces celestes que se doblegaban a la paz. Silencio imperante que marcaba un dulce camino. Caricias como besos que rozan las mejillas con delicados masajes. Susurros suaves e indecibles, que se enredaban en una hermosa armonía que tocaba a la avenencia, así era el lugar donde Aniria se encontraba ahora, después de haber cruzado el místico portal, ahora ya no era de la Tierra sino del mundo de los emisarios.
La misión de Aniria estaba a punto de serle revelada, sin embargo, debía esperar un poco más, mientras tanto, se le indujo orientación sobre el lugar en donde estaba y de los seres que la acompañaban. Observaba a su alrededor como una niña curiosa sin vestigios de temor, ya que se sentía venturosa de encontrarse en ese lugar. Era lo que esperaba desde el primer encuentro con ellos, ahora por fin conocería el motivo de su invitación.
Primero caminó por un pasillo con un suelo hecho de mármol y paredes blancas a los lados y el techo, aquel camino argentino poseía entradas a los lados pero sin puertas que las detuvieran. El lugar hacía alusión a un pasillo de hospital, con excepción de un silencio hipnótico y un aroma tan agradable, que no podía compararse con ninguna fragancia terrestre conocida.
Aniria caminaba de la mano con uno de esos seres que la habían traído, la llevaba como su guía mostrándole el lugar. Ella aún se sentía sorprendida al verlo, jamás olvidó el extraño aspecto físico que ellos exhibían desde el primer encuentro. Sus manos delgadas de tres dedos, sus hermosos ojos enormes y relucientes. Sus rostros ovalados sin orificio bucal y sus cuerpos extremadamente delgados, Aniria no dejaba de mirarlos de sorprenderse por sus extraordinarias formas.
El ser que la acompañaba por un momento se detuvo y le señaló una de las habitaciones, ella se acercó despacio a mirar y vio a dos criaturas alinígenas, eran pequeños y sus facciones eran parecida a la de niños, pero su piel era oscura como el petróleo y sus cuerpos regordetes. Sus labios eran finos y sus ojos pequeños y amarillos, Aniria podía seguir los movimientos de sus pupilas que brillaban y su esclerótica era tan negra como su piel. Para Aniria era como observar a dos soles en medio de un espacio completamente penumbroso.
Después de unos segundos, el acompañante de Aniria posó una de sus manos sobre su hombro derecho, como señal de que era momento de continuar. Ella entendió el mensaje y siguieron adelante, sin embargo, Aniria no podía apartar su mirada de aquellos pequeños seres tan curiosos. Al avanzar, llegaron a la segunda puerta donde encontraron a una criatura hibrida con aspecto tanto humano como insecto, otros seres rodeaban a la criatura aplicándole una especie de tranquilizante con frecuencias de energía. La criatura se retorcía resistiéndose a los ataques, pero llegó un momento en que tuvo que desistir y ceder ante sus captores, hasta quedarse completamente inerte.
Aniria en ese momento tenía tantas preguntas que hacer, pero algo en su interior le advertía que aún no era el momento y que tenía que continuar. El ser que la acompañaba nuevamente le tomó el hombro y ambos prosiguieron con su recorrido. La entrada subsiguiente era la más callada, puesto que solo había una persona. Un ser humano igual que Aniria, lo cual, la había dejado completamente sorprendida.
El hombre en la habitación parecía tener unos treinta y tantos años de edad. Tenía un traje sintético azul ajustado a su cuerpo semi fornido. Estaba sentado frente a un escritorio de madera escribiendo con lápiz y papel, parecía demasiado concentrado como para notar la presencia de Aniria y su acompañante. Ella miró alrededor de la habitación y vio entre sus cosas que estaban junto a la pared de la entrada una identificación de la corporación ASTRA en la que aparecía su nombre. Se llamaba Jonas Vergel y era ingeniero mecánico de dicha corporación, lo que hizo que más preguntas se generaran en la cabeza de Aniria.
Ella quería acercársele y derrochar en él todas sus incógnitas, pero sentía una influencia que se lo impedía y la hacía retroceder. No tuvo otra opción que dejarse llevar y continuar con su camino. En ese momento Aniria se dio que los seres que la trajeron a ese lugar tenían influencias psíquicas, aun no podía entender cómo podían hacerlo, pero mientras lo descifraba, deambuló por el pasillo con su acompañante hasta la última habitación por conocer.
Al entrar, vislumbró hacia el fondo a tres criaturas que la observaban fijamente, impulsivamente Aniria dio unos pasos hacia adelante y se puso justo frente a ellos. Las criaturas se levantaron y la rodearon, ella solo se quedaba quieta y callada mientras todo pasaba. Los tres seres eran diferentes a los demás, no por su fisionomía, sino por los objetos que ostentaban. Eran unos abalorios enormes que tenían forma de octagrama y en su centro había una estrella azul, que brillaba como una luciérnaga muy fulgente.
Aniria no dejaba de observarlos hasta que ellos tocaron su rostro y fue a partir de allí que ella comenzó a gritar. Solo Dios sabe lo que Aniria vio en ese momento, las únicas palabras que vociferó durante ese trance fueron: «Cosmos infinito, orbes y galaxias». Después de ese día Aniria no fue la misma y todo lo que era ella claudicó, la inducción que recibió fue completada con éxito y la humanidad conocería el poder del conocimiento que ahora poseía.
Escrito por
. Martes 4 de agosto del 2020
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