«Cualquier cosa que un hombre pueda imaginar, otro hombre la puede hacer realidad.»
—Julio Verne
Catarina
Catarina fue por un tiempo la asistente del enajenado doctor Alejandro Suescun; a quien se le debe todo crédito por haber encontrado aquel capullo donde nacieron las colosales larvas. Era un hombre reservado y muy afiliado a su trabajo. Ya tenía cierta edad con aspecto consumido y el cuerpo sumamente esbelto. Poseía indicios de demencia, pero esto no era defecto, ya que gracias a esto, pudo lograr grandes descubrimientos.
El doctor Suescun fantaseaba con seres de otros mundos y todo lo que tenía que ver con estos; alienígenas, organismos bacteriológicos, tecnologías extraterrestres, etc. Es por eso que sus investigaciones siempre se basaban en la búsqueda de un mundo nuevo. Su locura le permitió obtener grandes avances para la empresa ASTRA, que a pesar de que sabían sobre los trabajos de aquel viejo chiflado, decidieron continuar con él hasta el final.
Catarina estuvo con él en todos sus trabajos importantes, más que todo los últimos. Llegaba hasta desvelarse noches enteras con él, puesto que cada nuevo descubrimiento que encontraban, los ponía en camino ante otro y así sucesivamente. Solo comían y bebían en el laboratorio, y en las diferentes estaciones de la corporación.
La mujer detestaba desmesuradamente a su jefe, puesto que la obligaba a trabajar tiempo extra sin un beneficio aparte, sin embargo, posteriormente, al ver los descubrimientos nuevos del doctor, ella comenzó a adoptar la misma aptitud obsesiva que su compañero durante este periodo y ya no le molestaba quedarse pegada al trabajo.
Lo que finalmente llamó poderosamente la atención a Catarina, fueron unas coordenadas que manifestaban una anomalía muy peculiar. El lugar se encontraba en la región de Cagri, a solo cincuenta y seis kilómetros de donde ellos se encontraban, y era bastante particular, porque emitía de repente una radiación desconocida en un perímetro de sesenta metros. Aquello enalteció con fuerza las palabras dementes del doctor Suescun, las cuales, estimularon un agudo miedo en Catarina.
La emoción que había sentido el trastornado científico, había sido tan impetuosa, que causó estragos letales en su corazón. Y ese mismo día, bañado en su gran hallazgo, sufrió un paro cardiaco y se desplomó al suelo para fenecer. Catarina presenció su muerte adoptando una actitud bastante particular. Continuó con el trabajo del doctor, pero haciéndolo pasar como suyo, y logró la autorización de la corporación para poder explorar aquella zona.
Fue Catarina quien reunió aquel grupo de científicos, incluyendo a Eusebio, para realizar la expedición a la región de Cagri, y encontrar la zona radioactiva; donde a su vez, habían encontrado aquel gran capullo donde surgieron las nueve larvas de Radath. Aquel otro descubrimiento había sido otro robo de Catarina, ya que se había llevado todo el crédito con el argumento de que había sido ella quien había coordinado todo. Finalmente, las criaturas fueron destruidas por adoptar apariencias y aptitudes nocivas, o eso creían todos ellos.
—Y entonces Catarina, dime, ¿qué estás haciendo aquí? —Dijo Eusebio con voz desafiante, mirando fijamente a los ojos de la mujer.
—Es más que obvio que estoy aquí por la criatura, la que acaban de asesinar. También he venido a llevármelos a todos ustedes a la corporación ASTRA.
Todos los testigos quedaron anonadados y miraron a la mujer fijamente mientras ella sonreía, exhibiendo unos grandes y redondos pómulos.
—¿De qué estás hablando? ¿Por qué vas a llevarnos contigo? —Preguntó Sandro, quien se encontraba justo al lado de Eusebio.
—Después de lo que han presenciado. —Argumentó Catarina. —Ya son parte de todo esto, por lo tanto, como saben la verdad, me ayudarán a encontrar a las demás criaturas restantes, y así evitar que un mal severo caiga sobre toda la humanidad.
—¿Qué quiere decir? —Dijo Nora quien se encontraba junto a su hijo Fabio. —¿Cómo nos encontró en primer lugar?
—Con esto. —Catarina sacó de su bolso una especie de aparato de mano con forma de medidor. —Es un aparato que detecta radiación. Estas criaturas emiten una energía que puede ser detectada a kilómetros, gracias a estos artefactos, podemos localizarlas en un radio de cien kilómetros de distancia. Al detectar ciertas ondas aquí, vine lo más rápido que pude, pero no llegué a tiempo.
—¿Entonces has venido a engatusarnos como aquella vez a mis colegas y a mí? ¿Prometiéndonos cosas que jamás cumpliste? ¿Robándote todo el crédito? —Dijo Eusebio con palabras encendidas y los ojos centelleantes por la cólera.
—Vine para hacerles un trato, a todos ustedes, ¿o es que acaso querido Eusebio no tienes curiosidad por averiguar cuál es el origen de estas criaturas hibridas?
Catarina había tocado un punto y eso hizo que Eusebio se molestara aún más. Si era cierto que no confiaba en Catarina, también era verdad que quería saber de donde habían salido esos seres. Los demás presentes callaron y miraron a Eusebio, mientras éste se quedaba inerte y pensativo. Bajó la mirada por unos instantes y luego miró fijamente a Catarina, para responder a su pregunta.
—Si bien sabes que no confío en ti, sin embargo, sé que tienes los recursos para llevar esta investigación hacia su origen. Aunque no eres de fiar, sé que posees la misma curiosidad que yo, así que, aceptaré tu propuesta.
—Excelente y créeme Eusebio, esta vez te daré lo que te mereces por pertenecer a esta asociación. —Aseguró Catarina en tono serio. —A ver, ¿qué dicen los demás? ¿Se unen a nosotros?
Sandro, Nora y Fabio, se miraron las caras ostentando confusión, pero al ver que Eusebio ya había tomado una decisión con seguridad, asintieron afirmativamente a la propuesta de Catarina.
—Bien, ahora vengan todos a mi auto, debemos ir al laboratorio y ponernos a trabajar, no nos queda mucho tiempo.
Escrito por
, viernes 19 de julio del 2020
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