La violencia que heredé
El hombre miró confuso al escenario donde se proyectaban imagenes provenientes de memorias genéticas que había heredado.
"A mi me llama la paz y el amor, pero en verdad me son cosas desconocidas. Mi infancia estuvo mucho más marcada por la autoridad, la violencia y el control", dijo involuntariamente.
Era como si los pensamientos de su inconsciente se expresaran sin que si quiera pudiese alcanzar a procesar lo que iba a decir.
Las imagenes viajaban ante incontables generaciones... Un padre golpeando a su hijo. Un abuelo violando a su nieta. Una madre dejando en la calle a un bebé.
Esta costumbre se guarda en tus celulas: la de vivir reaccionando con ira ante los momentos frustrantes de la vida, sonó una voz acompañada de ecos y coros fantasmales.
"No quiero seguir en esto", llanto y desesperación invadían cada membrana del cuerpo del hombre.
"He probado tantos caminos... pero todos parecen llegar al punto de partida. Cada vez que creo haber llegado a un remanso de paz y tranquilidad, vuelven a desafiarme, a provocarme, cómo si la vida misma se empeñara en desatar esa ira guardada", dijo al mismo tiempo que su desesperación se transformaba en furia, hacía si mismo, hacia la vida.
Enseñame... ¿Cómo puedo trascender esto?, suplicó.
Imagen por walterbruneel888
Desear y agradecer
El coro fantasmal y sus infinitos ecos comenzó diciendo: "Si de pronto supieras que el Universo entero te escucha y pudieses hablarle cualquier cosa que se te venga a la mente mientras te escucha atenta y receptivamente... ¿qué dirías?
¿Desearías algo? ¿Agradecerías? Los deseos se cumplen pero no necesariamente te brindan felicidad, incluso pueden traer consigo mucho dolor, es un riesgo que se toma cada vez que se desea. Por otra parte, la gratitud siempre trae mayor bienestar y aceptación.
Sacrificio
Muchos años después de la mística experiencia, el hombre se encontró con una madre que lloraba desconsolada porque había decidio abandonar a su recién nacido.
Sin juzgarla, supo que decir:
"La gente dice que el amor es sacrificio. Si no sacrificas nada, no ganas nada. La idea del sacrificio como algo necesario para las cosas buenas de la vida ronda en nuestro inconsciente y poco sabemos cuanto llega a dirigir nuestra forma de actuar.
El cristianismo promueve la idea de que somos libres gracias al sacrificio de Cristo. Existe un consenso social de que son heroes quienes se llevan gran parte del dolor para que los demás puedan vivir tranquilamente. Por mucho tiempo he aceptado estas ideas sin cuestionarlas, pero mientras más experiencias se viven, la linea entre lo bueno y lo malo, lo oscuro y lo claro se va desvaneciendo.
En la Naturaleza existen sacrificios a diario. Un ratón muere para que un zorro viva. Un árbol se pudre para que se nutran los hongos. Un bosque se tala para construir casas y calefaccionarlas cuando hace frío. Sin embargo, no hay tantas personas venerando a la Naturaleza como las hay venerando a Cristo.
Más aún, no nos parece tan heroico el sacrificio cuando somos nosotros quienes debemos realizarlo para el bienestar del resto. A pesar de creer en la bondad del sacrificio, priviliegiamos defender "lo nuestro", lo que creemos nuestro. Nuestra casa, nuestra familia, nuestras "pertenencias". Es comprensible, sin esas cosas "nuestra" vida se podría llegar a sentir vacía, fría y tortuosa.
"Nuestra", porque pienso que la vida realmente no nos pertenece, sino que le pertenecemos a la vida. Llegamos cuando la vida decide y nos vamos bajo los mismos términos. Visto así, no tiene mucho sentido vivir en el sacrificio. Somos tan pequeños que no está mal que aspiremos a vivir algo grande, algo que se sienta maravilloso y abundante. Al menos así quiero vivir y te invito a que si hoy te ves atrapada en el sacrificio, consideres que hay mucho más. Cumple tus deseos y la sabiduría ganada en el camino te mostrará como entregar sin dañarte para hacerlo".
La madre se quedó en silencio, sin saber que decir, pero abrazó al hombre y lo miró con ternura. Finalmente decidió volver a buscar al bebé, que estaba a salvo y la miró con ternura a ella. No volvió para ser su heroina, ni para ser una buena madre. Volvió para vivir una vida grandiosa junto a ese niño, para gozar del amor y agradecer al Universo por una nueva oportunidad de ver las cosas con otra perspectiva.