¿Recuerdas lo que te dije sobre el contexto en la parte 1?
Pues para recapitular y resumir, resulta que el contexto no es algo estático, sino que va variando según lo que vamos hablando y haciendo los que estamos en una conversación. Por ejemplo, si yo te digo “hace frío”, el contexto puede ser que estamos en invierno, que estamos al aire libre, que no tenemos abrigo, etc. Pero si luego te digo “quiero un helado”, el contexto cambia, porque ahora parece que el frío no me molesta, que tengo ganas de comer, que me encanta el helado, etc.
Dicho lo anterior, hay que aclarar que los textos generados por inteligencia artificial también tienen un contexto, pero es muy pobre y literal. Ellos solo responden a lo que les pides, pero no pueden crear ni actualizar su propia imagen mental de la situación comunicativa. Tampoco pueden adaptar sus respuestas a las sutilezas y matices de cada situación, como hacemos los humanos. Por eso, aunque los textos generados por IA pueden tener un contexto en un sentido amplio, este contexto es muy distinto del contexto que usamos los humanos, según las teorías de van Dijk. Y aquí es donde entra el papel humano, porque nuestra ventaja es que podemos conectar con nuestros semejantes.
Con este artículo, quiero analizar el contexto general de estas situaciones de actualidad, y ver qué ventajas tiene un redactor humano frente al contenido generado por las IA. Sé que hay opiniones de todo tipo, y que cada profesional debe elegir si ve a las IA como amigos o enemigos. Pero yo creo que, para diferenciarnos como profesionales, tenemos que darle más importancia al contexto, entendido como lo explica Teun A. van Dijk, porque eso puede darle un vuelco al trabajo del redactor. Según van Dijk: “Vemos que la producción y el entendimiento del texto y el habla implican fundamentalmente lo que tradicional e informalmente se conoce como el «contexto» de este discurso, lo que comprende categorías como la identidad y papel del participante, el lugar, el momento, la institución, las acciones políticas y el conocimiento político, entre otros componentes.”
Quizás ya es hora de que el humano se enfoque en crear textos con “aura” e identidad. Aura es un concepto que menciona Walter Benjamin y que describe como una cualidad única e irreproducible que está ligada a la obra de arte original y su contexto histórico y cultural, que no puede ser imitada por técnicas de reproducción mecánica. Si esta aura se puede aplicar también al contenido creado por humanos en el siglo XXI, surge la pregunta: ¿pueden las IA imitar o falsificar eso cuando imitan tan bien la escritura?