Una de las cosas que más me gusta de la literatura, es su potencial para crear universos a partir de “la nada”. Creo que sería más acertado decir, por su capacidad para revelarnos la realidad desde infinitos ángulos. Cada palabra es un big-bang en miniatura, de ellas se desprenden estrellas, mundos, seres y acciones. En cada verbo se resume la humanidad, y al mismo tiempo, la humanidad se le impone al verbo. Somos dioses que se rebelan contra sí mismos. Yo busco esas realidades en lugares apartemente inhóspitos. Estoy en busca de un lenguaje donde se mezclen lo bello y lo feo en iguales proporciones, una lírica que abarque el dolor y el placer, el llanto y la sonrisa. A continuación, les comparto uno de esos experimentos.
A LA DERIVA
Érase una vez un mojón que estaba preocupado por su destino. Y es que, tras haber sido evacuado por su creador, el mundo se hizo incierto para él. Su pena era comprensible, después de todo, lejos estaba de las cálidas y oscuras vísceras, y ahora debía atravesar al largo y enmarañado sistema de alcantarillas que sostenía a la igual de pestilente ciudad. ¿A dónde ir ahora que fui evacuado? - Se preguntaba con sincera inquietud, pero ninguna respuesta parecía convencerlo del todo. Así que el pobre mojón, desesperado por su incapacidad para resolver semejante enigma, decidió increpar a otros mojones que naufragaban cerca de él y salir de dudas. Pero estos, para su sorpresa, parecían muy cómodos flotando, sin ningún propósito, hacia ninguna parte. De hecho, algunos de sus camaradas le salían con desplantes, o con respuestas nada cordiales. Pero su drama terminó cuando, no sabemos si azar o por designio, el desecho tropezó con una rata vieja que estaba dando un paseo por las aguas negras sobre una lata de atún abierta. La rata, que a pesar de ser una rata era muy compasiva y sabía, de inmediato advirtió el gesto taciturno del pestilente viajero.
-¿Y esa cara tan larga? No pareces muy feliz que digamos - Le preguntó la rata con cierta picardía.
-Y efectivamente no lo soy - respondió el desecho.
-¿Y cuál es el motivo de tu triste? Eres el primer mojón que veo en ese estado. Los demás se conforman con flotar a la deriva. ¿Acaso tu creador estaba enfermo cuando te evacuó? - Repuso la rata.
-No lo sé. Lo cierto es que no sé quién soy ni a dónde voy. ¡Eso me aterra! Antes, cuando estaba en el vientre de mi creador, todo tenía sentido. No tenía ninguna inquietud y la vida para mí era placentera. Pero después, cuando fui tragado por el inodoro, el mundo se hizo duro y frío - Argumentó el mojón con desgano.
-Piensas demasiado, amiguito. Todo tiene su orden y su lugar. Sólo déjate llevar como tus otros compañeros. Deja que la cloaca te sorprenda.
-Eso no calma mi inquietud, de hecho, la empeora - Repuso el mojón, un poco molesto.
Y fue entonces cuando la rata, sonriente, le dijo: “Solo déjate llevar por la corriente. También los mojones van a parar al mar.”
FIN

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