
A Lenin no le iba bien en la escuela y tuvieron que ponerlo a ver clases extra con una tutora para que no se retrasara. El primer día, se sentó en el comedor sin darse cuenta de que había alguien sentado cerca. Apenas comenzó a escribir y fue corregido por la dulce voz de una niña.
-Hacer se escribe con H-
Lenin giró la cabeza y vio a la niña sentada detrás de él y le dijo:
-Ayúdame a hacer mis tareas para poder terminar rápido -le guiñó un ojo-.
-Sí, puedo ayudarte, pero tienes que venir a donde estoy- La chica era 4 años menor que él, se llamaba Sara y no podía mover las piernas.

Ella ayudaba a Lenin en todo y él mejoraba sus notas. Sara era muy inteligente y Lenin un completo desastre pero juntos parecían indestructibles, eran amigos como lo son dos niños cualquiera. Durante el tiempo que Lenin iba a estudiar a esa casa, jugaba con ella, empujaba su silla como si fuera un coche a toda velocidad y Sara gritaba emocionada riéndose a carcajadas "pedazo de loco".

Años después, Sara era más madura. La niña estaba sentada en un lado de su habitación y desde la ventana de su casa podía ver a los otros niños correr, caminar, ir y venir a donde quisieran. Sara ya había cumplido los 12 años y eso le hizo plantear a su madre una pregunta muy difícil de responder.
-Mamá, ¿nunca voy a caminar?- parecía triste.
Su madre no quería mentirle, pero no había forma sutil de decirle la verdad sobre su destino.
-Sara, eres muy inteligente, te he visto leer libros sobre el sistema nervioso, los médicos dicen que sufriste una presión cerebral a causa de una membrana que se inflamó. Dicen que es muy difícil mejorar tu estado, pero la ciencia avanza y tal vez en el futuro puedas caminar.-
El rostro de Sara se ensombreció

Aun así, Sara estaba centrada en una profunda tristeza, pensaba que su vida así sería perpetua, con el tiempo perdió la esperanza, la voluntad, ya no quería comer ni ir al colegio, era como si no quisiera vivir, y por mucho que su madre la animara, no salía de ese estado emocional.
Su madre se acordó de Lenin y acudió a él en busca de ayuda. Lenin tenía entonces 16 años y, como era de esperar, no continuó la escuela secundaria. En su lugar, aprendió el arte de la herrería.
-Hola Lenin, ¿cómo estás?-, saludó la madre de Sara.
-Hola, señora Olga, ¿qué necesita, qué puedo hacer por usted?-. La atendió como a un cliente.
-No vengo a contratarte, vengo por mi hija, está muy enferma y me gustaría saber si puedes visitarla- tenía cara de preocupación.
-Está bien señora, ire mañana cuando termine este trabajo- respondió de forma indiferente.
-Gracias Lenin, sabes, mi hija tiene tres días sin comer, trate de ir en cuanto termine, por favor- Dijo esto comprendiendo que Lenin también tiene compromisos importantes.
Lenin sintió que para entonces sería tarde y tuvo cierto remordimiento.
"Espere señora Olga, déjeme cerrar el taller, deme un momento para cambiarme, iré con usted".

Lenin se sentó junto a Sara y la saludó.
"Hola Sara, ¿cómo estás?", Sara no respondió.
"¿Te pasa algo? Hace mucho tiempo que no vengo".
Sara seguía sin contestar
"Aprendí el arte de la forja, el fuego es mi elemento, busquemos tu elemento, para mí eres el agua, ya te veo nadando como todos los demás" Sara se giró para verlo.
Lenin sonrió y le dijo: "¿Quieres que te enseñe a nadar?"
"Sí"respondió Sara.
Después pasaron una buena noche recordando su infancia y las locuras que hacían.
Lenin consiguió llevar a Sara a la playa. Era una playa maravillosa, la arena era suave como la harina, blanca y fina. El mar brillaba espectacular en sus tonos cromáticos de cristales azules, las olas eran casi imperceptibles con muy poca profundidad y se podía entrar en el agua a una buena distancia de la orilla.
Pasaron un día maravilloso, pero Lenin no pudo enseñarle a nadar porque él tampoco sabía hacerlo.
A los 18 años, Sara ya dominaba la natación y el buceo, podía nadar kilómetros y bucear varios minutos, pero no se limitaba a estar en una piscina. Su pasión era el mar, adentrarse en las olas, sumergirse en sus profundidades, bajo el agua se transportaba a otro mundo silencioso, mágico, lleno de maravillas y cuando salía se sentía animada por el sonido del viento y las gaviotas.

Un día estaba nadando en el mar como de costumbre y llegó a una playa donde un grupo de jóvenes se bañaban. En la arena uno de ellos estaba tocando la guitarra y cantando sus canciones favoritas, lo que hizo que Sara se acercara a la orilla, el chico notó su presencia y la llamó.
"si quieres ven a sentarte conmigo"
Sara sonrió pero no dijo nada.

Después de varias canciones el chico cogió una silla, la metió en el agua y se sentó al lado de Sara con la guitarra en las manos y sin decir nada,
"El agua va a dañar tu guitarra" dijo Sara con preocupación.
"Sí, pero como no quieres salir del agua, he entrado, por cierto me llamo Antonio."

Pasaron horas hablando de temas literarios y de biología marina, cantaban a dúo como si sus almas se fundieran.
Antonio la encontraba misteriosa, hermosa, mágica, como una mujer que salía del mar para escuchar su música y Sara estaba fascinada por su forma de ser, era un amor imprevisto que surgía entre el mar y la tierra. Antonio la miró a los ojos y le dijo:
"No te puedes imaginar lo fácil que es enamorarse de ti, sé que apenas me conoces y me gustaría callar y no decir nada, pero si me guardo estas palabras me destruirían por dentro. Me gustas, y mucho" Acercó sus labios a los de Sara, ella hizo un ligero movimiento para evitarlo pero él le devolvió la cara y se besaron apasionadamente.

Para Sara fue un sueño que terminó con el día, las horas le quitaron la ilusión cuando Antonio le dijo: "Es hora de irse, ¿quieres que te lleve a casa?"
Sara no pudo explicar la razón para no ir con él, se apoyó en sus hombros, le besó y se dejó caer en el agua. "Estaré aquí mañana", y se alejó nadando hacia el horizonte donde se veían las primeras estrellas de la noche.
Antonio no entendía por qué se adentraba en el mar, su confusión lo llevó al punto de creer que Sara era una sirena.

Al día siguiente Antonio fue muy temprano, la buscó entre las olas del mar pero su amada sirena no apareció. Pasaron las horas y esperó hasta el anochecer.
Sara también pasó el día indecisa si ir o no, y cuando vio que el día se acababa sintió que su corazón también lo hacía. Saltó de su silla de ruedas para ir a esa playa, era tarde, sabía que él no estaría allí pero insistió.

Cuando llegó no vio a nadie, ya estaba oscuro y suspiró. Desde la oscuridad escuchó una voz; "Sirena espera" Era la voz de Antonio.
Entonces, Sara sonrió...

Esa misma noche le contó que había nacido con un problema y que no podía mover las piernas. Tenía miedo de revelarle su condición, y esa era la razón por la que no quería salir del agua. Pero nada podía detener lo que había crecido entre ellos. Con el tiempo alimentaron su pasión hasta que se casaron en esa misma playa donde se conocieron, y la visitan como un altar sagrado de su profundo amor.

Esta historia la hice con mucho cariño, también los dibujos.