El conflicto entre naciones debido a ideologías, cultura y sus propias normas, ha provocado centenares de muertes, entre ellas, la de jóvenes inocentes, quienes no tienen culpa de las decisiones tomadas por quienes los dirigen. Aún así, su lealtad a sus gobernante es mucho más importante que incluso su propia vida.
Por Ismael R.
El deseo de guerra del Sargento Teller era insaciable.
Aún así, la idea que tenía de que los soldados y el gobierno al otro lado de la frontera eran unos homicidas, no era del todo cierto.
Es más, era muy posible que muchos tuvieran las mismas características del Sargento Villegas.
Quién no solo deseaba estar en ese lugar, sino también que deseaba que las guerras nunca existieran.
Era la mañana del 15 de octubre, todo estaba tranquilo en casa del joven Williams Trebo, quién apenas estaba terminando de cumplir sus 18 años de edad, y no estaría al tanto del giro del mundo, y que cambiaría por completa su vida.
Semanas atrás, algunos funcionarios de su país, habían tomado algunas resoluciones para tener más petróleo a bajo costo, y para ello, se aliaron con otros países que estaban fuera de la organización que regía el costo del mismo provocando disensión entre estos.
El resultado de esta acción no tardó en verse.
Muchos países con quienes tenían consorcio legal se sintieron traicionados, y por ello, decidieron romper relaciones de todo tipo.
—Debemos defender nuestra soberanía y nuestras tierras, y queremos que los jóvenes sean quienes defiendan a sus padres, y sean héroes para sus futuras generaciones—.
El discurso dirigido por el ministro de defensa, tenía la intención de hacer que los hombres se unieran a las filas del ejército, y en estar atentos a cualquier ataque.
Pese a ello, los jóvenes estaban absortos a anexarse a una lucha que no era suya.
El toque de la diana despertó a todo el vecindario en la ciudad de Westbrerty.
Cientos de militares armados venían en busca de todos los hombres de la ciudad, con el fin de iniciar o defender un conflicto que ni siquiera sabían por donde había comenzado.
En las noticias solo se presentaba que el país con el que guardaba frontera, había estado disparando a los soldados sin motivo alguno, y por ello, se debía atacar o invadirían el país.
—Hijo, escóndete debajo de tu cama y no hagas ruidos, espera hasta que yo te diga.—
La madre de Williams estaba desconcertada, solo veía por la ventana a muchos jóvenes en filas, y los guardias custodiándolos, incluso, vio cuando un militar disparó en una pierna a hombre que se había resistido.
—Ni siquiera podrás cargar con un arma, serás solo un desperdicio, por eso, quédate en casa, eso sí, ten este lindo regalo de tu guardia.—
El disparo sonó en todo el lugar.
Las madres lloraban desconsoladas a ver la situación, tratando de esconder a sus esposos e hijos para que no fuesen observados.
En un instante, varios militares entraron en casa de Trebo.
—Ven con nosotros pequeña mariposa que no te haremos nada, solo queremos hablar un poco contigo y llegar a ser tus amigos.—
Gritaba un militar, mientras escupía en la sala mientras buscaban al joven.
El grito de su madre en la cocina alertó a Williams.
Sin pensarlo 2 veces salto por las escaleras y vio como los hombres apuntaban a su madre con su rifle.
—¡Dejen a mi madre malditos bastardos!— Gritó con todas sus fuerzas Williams.
—Oh, la mariposa se ha convertido en un gran gusano al parece—.
Antes de poder decir cualquier cosa, Will sintió como un golpe con la culata de uno de los oficiales daba en su nuca, dejándolo tendido en el suelo.
Miles y miles de jóvenes llegaron a hangar donde se estaba reuniendo a todos, dándoles uniforme, botas e instrucciones.
—Ey tu, gusano, despierta ya, ¿o es que quieres perderte todo el entretenimiento que tenemos para ti?.—
Un golpe con la punta de la bota golpeó el costado de Trebo, que no recordaba como había llegado hasta allí.
—¡Qué hago aquí?. ¡Este no es mi casa, aún debo terminar la escuela y cuidar de mi mamá.!—
—Shh, gusanito, es preferible que comiences a olvidarte de tu mamita, pero ¿si quieres yo puedo ir a cuidarla?—
La burla entre todos los oficiales de rango era perceptible.
Muchos iniciaron al igual que estos jóvenes, indefensos e ingenuos, pero las guerras los habían convertido en seres despreciables y sin sentimientos.
—Ey, dejen al chico bola de inútiles. Ven conmigo chico, te pondré al tanto de lo que harás acá.—
El oficial encargado del batallón de Trebo se condolía de Williams, quién estaba a punto de llorar al pensar que dejaba a su madre sola en casa, y sin esperanza de volver a verla.
Al llegar a su escuadrón, la cara de otros 20 jóvenes hicieron que se llenara aún mas de miedo, después de todo, solo había visto la guerra desde sus televisores.
—Muy bien jóvenes, realmente lamento que muchos de ustedes tengan que experimentar todo esta situación, nadie quiere estar acá, y mucho menos por razones desconocidas, pero ese no es el asunto.
Muchos de ustedes tendrán que ir a lugares fuera de la ciudad, incluso algunas irán a la frontera, se escucha que la situación allá no está muy bien, por eso, si tienen un Dios, es orar de orarle para que los ayude.—
El suplició de todos se escuchó en todo el lugar.
Algunos trataban de contener las lágrimas al saber que su vida estaba en juego,
y que jamás volverían a ver a aquellos a quienes amaban.
—Por cierto, aprovechen cuanto antes el tiempo, las batallas duran largas horas en algunos conflictos, y mejor no lleve chalecos, el calibre de las balas pueden atravesarlos como a un papel, mejor aprendan a algunas palabras en ese idioma, pueden serle útil en el caso de que los hagan prisioneros.—
El corazón de todos latía aún más al saber de lo podría pasarles en cualquier circunstancias en esa situación.
—Ey, me llamo Bob. ¿Tú como te llamas amigo?—
—Me llamo Williams, Williams Trebo. ¿Y tú cómo llegaste acá?—
Antes de poder decir algo, Bob Husselborn escuchó su nombre al final del pasillo.
—¡Bob Husselborn, ven hijo, tenemos un regalo para ti—.
Dijo un oficial sentado en su silla de cuero. y presumiendo sus insignias.
Una carpeta repleta de papeles estaban en su escritorio.
—Acabamos de ver tu informe médico, y nos alegra no enviarte a donde si necesitan hombres, te encargarás de llevar estos papeles por aquí.—
La suerte no fue la misma para Trebo.
Un rifle PPSh-41 con dos cargadores, junto con un. "Esto será ahora tu familia soldado, es más ve acostumbrándote, pues también llegara a ser tu novia."
En filas estaban muchos soldados, algunos se les caía el arma y no sabían como ponerse el casco, después de todo, a casi todos fueron enviados a la frontera, donde iniciaría la batalla.