Era inútil mirar por las ventanas. Todas en aquella habitación habían sido cerradas por fuera y cubiertas con madera para evitar miradas curiosas al exterior. La tensión era evidente entre los presentes. Todos cruzaban miradas discretas, pero nadie se conocía entre sí.
—Quizá debamos presentarnos… ya saben charlar un poco —sugirió quien por lo visto era el más joven del grupo—. Mi nombre es Charles, soy mecánico, no soy modelo ni culturista a pesar de mi aspecto físico.
Los demás lo miraron con asombro.
—Nos prohibieron hablar entre nosotros, fueron bastantes claros en eso cuando nos metieron aquí —replicó un hombre mayor sentado en un sillón. Sostenía un libro que tomó del estante y llevaba varios minutos con la cabeza sepultada en él.
—¿A quién le importa lo que nos dijeron? De hecho, no nos han dicho nada… ni siquiera sé por qué me trajeron —señaló enfadado Charles.
Se hizo una pausa silenciosa. De alguna manera esperaban que se produjera una reacción por parte de quien vigilaba la habitación, pero nada ocurría.
—Tiene razón —intervino una de las dos mujeres del grupo— Me gustaría saber quién y por qué me trajo a este sitio. Me llamo Vanesa, soy montañista, y tú —señaló a Charles— no tienes, ni remotamente, el cuerpo de un modelo… o de un culturista.
Charles sonrió con picardía.
—Es porque no has visto lo que hay debajo de este traje, amor.
La segunda mujer estaba de pie, con la mirada fija en un extraño lienzo que colgaba de la chimenea. Sin darse vuelta dijo con voz ronca y un acento ruso.
—Yo soy Ivanova, doctora Ivanova del laboratorio UCRABS. Tampoco sé por qué me han traído aquí.
—¿Eres doctora en medicina? —preguntó Vanesa.
Ivanova se dio media vuelta y respondió:
—No, en ciencias de la computación.
—¿Significa que eres hacker? —quiso saber Charles.
Ivanova solo sonrió en respuesta. Su rostro era duro, bastante serio para una mujer delgada y de alta estatura, sus cabellos dorados caían sobre sus hombros. De todos los presentes, parecía ser la única vestida con ropa de fiesta.
—Yo soy Frank —dijo temeroso un pequeño hombrecito acurrucado en un rincón—. Yo sí soy doctor en medicina, me especializo en neurología… también doy clases en la universidad del Pole… me llamo Frank… Frank Rivatolli.
—Bien, tenemos un montañista, una hacker, un doctor, un mecánico y un… —Charles hizo una pausa en su frase para señalar al hombre mayor del sillón.
El viejo detuvo su lectura, y luego de pensarlo un instante dijo:
—Wendel Hubert, para servirles.
La doctora Ivanova se bajó un poco sus gafas al oírlo.
—¿El famoso psiquiatra que descubrió el síndrome de Relintong? —preguntó.
—Me temo que sí doctora… Ivanova ¿cierto? Al igual que ustedes, desconozco la razón y la identidad de nuestro anfitrión.
—¿Anfitrión? —preguntó con ironía Vanesa—. A mí parece más un secuestro que una invitación doctor.
—No voy a discutirle eso —declaró Hubert con un gesto afirmativo—. Ciertamente supongo que todos hemos sido traídos en contra de nuestra voluntad a este lugar, solo mantengo una visión positiva de nuestra situación… ya sabe… para evitar la tensión.
—Yo lo veo a usted muy tranquilo —replicó Charles.
—Es porque estoy leyendo un libro de poesía, amigo mío.
Charles movió los ojos irónicamente.
—Estamos en la mansión Lennon —dijo Frank con seguridad.
Todas las miradas cayeron sobre el de inmediato.
—¿Cómo sabe eso doctor? —preguntó Vanesa.
—Lo vi cuando entré… ¿Ustedes no?
—A mí me cubrieron el rostro —dijo Vanesa.
Los demás convinieron en lo mismo.
—Al parecer, doctor Rivatolli, usted es el único presente al que se le permitió saber nuestra ubicación. Podrá decirnos entonces quién es nuestro… captor —señaló Hubert.
Rivatolli se puso nervioso.
—Realmente no lo sé, señores, los tipos que me trajeron… jamás los había visto antes. Vestían trajes negros, parecían oficiales de algún servicio secreto… creo.
—¿Eran dos, uno de piel blanca y otro de aspecto asiático? —preguntó Ivanova.
El doctor Rivatolli asintió.
—¡No le creo! —exclamo Charles— a mí me trajeron dos tipos de piel oscura. ¡Seguro que usted sabe algo! ¡Hable!
—Les digo la verdad —dijo Frank temblando y con voz entrecortada.
—¡Calma! —dijo Ivanova— a mí también me trajeron los mismos dos tipos que al doctor Rivatolli.
—En mi caso, fueron dos tipos de piel oscura también —dijo la montañista.
Hubert se levantó y tomó la palabra.
—Por lo visto fueron enviados varios equipos de… oficiales o lo que sea, a buscarnos.
La puerta de la habitación hizo algunos ruidos mientras Hubert hablaba. Parecía que estaban desbloqueándola. Algunos segundos después, se abrió, y la figura de un hombre de blanca cabellera hizo acto de presencia.
Gracias a estos testigos por su apoyo constante y orientación, ustedes merecen un voto de confianza:
https://t.me/escritosdelatinoromano
It was useless to look out of the windows. All the windows in that room had been closed from the outside and covered with wood to avoid curious glances to the outside. The tension was evident among those present. Everyone exchanged discreet glances, but no one knew each other.
-Perhaps we should introduce ourselves... you know, chat a little," suggested the youngest of the group. My name is Charles, I'm a mechanic, I'm not a model or a bodybuilder despite my physical appearance.
The others looked at him with astonishment.
-We were forbidden to talk to each other, they were quite clear about that when they put us in here," replied an older man sitting in an armchair. He was holding a book he took from the shelf and had been buried in it for several minutes.
-Who cares what they told us? In fact, they didn't tell us anything...I don't even know why I was brought in," Charles pointed out angrily.
There was a silent pause. Somehow they expected a reaction from whoever was guarding the room, but nothing was happening.
-You are right," interjected one of the two women in the group, "I would like to know who brought me to this place and why. My name is Vanessa, I'm a mountaineer, and you," she pointed to Charles, "don't remotely have the body of a model... or a bodybuilder.
Charles smiled mischievously.
-It's because you haven't seen what's underneath this suit, love.
The second woman was standing, her eyes fixed on a strange canvas hanging from the fireplace. Without turning around she said in a husky voice with a Russian accent.
-I am Ivanova, Dr. Ivanova from the UCRABS laboratory. I don't know why I was brought here either.
-Are you a medical doctor? -asked Vanessa.
Ivanova turned around and answered:
-No, in computer science.
-Does that mean you are a hacker? -Charles wanted to know.
Ivanova just smiled in response. Her face was hard, quite serious for a slim woman of tall stature, her golden hair falling over her shoulders. Of all those present, she seemed to be the only one dressed in party clothes.
-I am Frank," said a small man huddled in a corner, "I am a medical doctor, specializing in neurology...I also teach at the University of Pole...my name is Frank...Frank Rivatolli.
-Well, we have a mountaineer, a hacker, a doctor, a mechanic and a..." Charles paused in his sentence to point to the older man on the couch.
The old man paused in his reading, and after a moment's thought said:
-Wendel Hubert, at your service.
Dr. Ivanova lowered her glasses a little when she heard him.
-The famous psychiatrist who discovered the Relintong syndrome? -she asked.
-I'm afraid so, Doctor... Ivanova, isn't it? Like you, I don't know the reason and the identity of our host.
-Host? -To me it seems more like a kidnapping than an invitation doctor.
-I'm not going to argue with that," Hubert stated with an affirmative nod. Certainly I suppose we have all been brought here against our will, I just keep a positive view of our situation... you know... to avoid tension.
-You seem very calm to me," Charles replied.
-It's because I'm reading a book of poetry, my friend.
Charles rolled his eyes wryly.
-We're at Lennon Manor," Frank said confidently.
All eyes fell on him at once.
-How do you know that, doctor? -asked Vanessa.
-I saw it when I came in... Didn't you?
-They covered my face," said Vanessa.
The others agreed.
-It seems, Dr. Rivatolli, that you are the only one present who was allowed to know our location. You can tell us then who our... captor is," said Hubert.
Rivatolli became nervous.
-I really don't know, gentlemen, the guys who brought me... I had never seen them before. They were wearing black suits, they looked like officers from some secret service... I think.
Were there two of them, one white-skinned and one Asian-looking? -asked Ivanova.
Dr. Rivatolli nodded.
-I don't believe you! -They brought me two dark-skinned guys. Surely you know something! Speak up!
-I'm telling you the truth," said Frank, trembling, his voice cracking.
-Calm down! -I was also brought to me by the same two guys as Dr. Rivatolli.
-In my case, it was two dark-skinned guys too," said the mountaineer.
Hubert stood up and spoke.
-Apparently several teams of... officers or whatever, were sent to look for us.
The door to the room made some noises as Hubert spoke. It sounded like they were unlocking it. A few seconds later, it opened, and the figure of a white-haired man appeared.