LO QUE VES DESDE TU VENTANA
Cuando despierto y me asomo en la ventana, veo todos nuestros recuerdos sembrados en mi jardín, son mis flores, mi vida, mis esperanzas , las únicas que se quedan firmes en mi. Son las tardes donde te pienso, donde mis girasoles, dan su aviso, de que llegabas, girando con los rayos del sol.
Como me ruegan ahora, que no te extrañe, cada ves que las riego con mi dolor. Se marchitan con mi simple silencio, ya no hay historias, ni alegrías, ya no me quedó. Solo me ausentó observado el cielo, pensando en los momentos hecho viento. Me volví un materos más, de mi espacio, seco, sin florecer. Antes reía de verte llegar con más flores para cuidar, no recuerdo en qué momento, murieron.
Por eso solo riego lo que me queda de ese amor, lo que ha perdurado y quedado conmigo, como un tesoro, y fieles a mi. Pudiera ser más feliz, pero es difícil, no sentir su palabras al sentarme en el jardín, lleno de felicidad y melancolía.
Mis cactus han crecido que lastima que no los veras más, están como siempre los quise. Sus espinas fuertes, dolorosas, toscos y verdes.
Se han alimentado bien de esta agonía. Se parecen a mi suaves por dentro, hostil por fuera, los años me han rodeado, ya soy una mujer, que solo cuida sus libros, sus hora de té, sus siestas, su matas y tristezas.
Así se ve mi ventana, llena desilusión, cada tarde, el reloj marca la hora de mi salida al jardín, para regresar a mis espacios de trance, moviendo las energías suspendidas, el cielo azul, radiante, dándole energía a mis plantas y yo dándoles vida.
Que ironías se ha vuelto, ir a darles amor, de donde no tengo, darles atención cuando yo misma no la encuentro y ser feliz.