Heme aquí, con el empingue a flor de piel, como casi todos los cubanos.
No hay nada más frustrante que no tener el control de las cosas, al menos, de las pequeñas cosas. Porque hay enormidades que siempre se nos escapan.
El ser humano se adapta a casi todo, pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y se de un mal que va por 66 y los cuerpos obvio que no lo resisten. Éramos once millones y más de tres han dejado de resistir, bien por ellos. El resto no tenemos otra opción, enajenarnos es el camino, llevar la mente a otro lugar donde la metástasis que corroe una isla pudre nuestros cuerpos. Salvar el espíritu es lo que queda. Aunque hay muchos que mantienen un cuerpo con forma a costa de sacrificar su alma.
La primera víctima del hambre es la vergüenza y el decoro.