Un saludo para esta comunidad @BeEntrepreneur
Me animan a hablar de los emprendimientos privados, las reflexiones de y
, donde analizan los desafíos estructurales que enfrentan estos proyectos.
En los últimos años, el auge de los emprendimientos privados en Cuba ha generado debates sobre sus posibilidades reales de sostenibilidad. Muchos de ellos terminan sucumbiendo no por falta de creatividad o esfuerzo, sino por un entorno económico hostil y decisiones mal calculadas.
Mi experiencia como integrante-socia de Papaya & Banana, una marca dedicada a la cosmética natural, es un ejemplo claro de cómo factores como el alto costo de los medios de producción, la inflación y las políticas estatales pueden determinar el fracaso de un negocio, incluso cuando este ofrece productos innovadores y de calidad.
Papaya & Banana surgió como un emprendimiento ambicioso: jabones de glicerina con ingredientes naturales (carbón, café, azufre) y aromas comparables a los de marcas internacionales. Sin embargo, el primer error fue asumir que la novedad garantizaría éxito en un mercado con limitaciones económicas crónicas.
La glicerina, materia prima esencial, ya era costosa a nivel global, pero en Cuba su precio se disparaba por los intermediarios y las trabas burocráticas. Lanzar un producto premium en una sociedad con poder adquisitivo debilitado fue un riesgo subestimado. La paradoja era evidente: aunque el jabón tenía demanda por sus beneficios estéticos y medicinales, pocos podían pagarlo recurrentemente.
La empresa estatal no es un modelo para el sector privado debido a su ineficiencia. En nuestro caso, esta realidad se manifestó en la imposibilidad de acceder a insumos locales confiables. La dependencia de importaciones (desde México, por ejemplo) encarecía cada paso: desde los aceites esenciales hasta los envases.
Cada nuevo intermediario o regulación sumaba eslabones a una cadena de costos que, al trasladarse al precio final, alejaba al consumidor. A diferencia de un mercado estable, donde los emprendedores pueden proyectar ganancias a mediano plazo, en Cuba la volatilidad monetaria y las prohibiciones repentinas convertían cualquier planificación en un ejercicio de ficción.
El golpe definitivo vino con la devaluación del peso cubano y la crisis inflacionaria de 2021. Lo que en un principio era un margen de ganancia ajustado pero viable, se convirtió en números rojos. Los equipos comprados para ampliar la producción (mezcladoras, moldes, decoración) nunca se amortizaron: la pandemia paralizó ferias y eventos clave para las ventas, y las restricciones aduaneras bloquearon la reposición de materiales.
El círculo virtuoso de reinversión y crecimiento se rompió. El emprendimiento, que había logrado reconocimiento en ferias nacionales, colapsó no por falta de demanda, sino por un entorno que imposibilitaba su escalamiento.
La historia de Papaya & Banana no es única. Refleja una problemática sistémica, la ausencia de condiciones básicas para que los negocios prosperen, como el acceso a materias primas, predictibilidad legal, mercados solventes. Sin embargo, también deja lecciones clave:
. La innovación debe equilibrarse con el poder adquisitivo del público objetivo.
. En economías frágiles, los modelos rígidos están condenados; hay que diversificar fuentes de ingresos y reducir dependencias externas.
. Los emprendedores deben exigir políticas claras y menos trabas, pues sin cambios estructurales, incluso las ideas más brillantes estarán en peligro.
Emprender en Cuba sigue siendo un acto de fe, pero también de resistencia. La luz larga que se necesita no es solo visión comercial, sino conciencia de que, en un sistema disfuncional, el éxito depende tanto del talento propio como de la capacidad para navegar y sobrevivir en sus contradicciones.
Gracias por visitar mi blog, soy Critica de arte e Investigadora Social, amante de la cocina. Te invito a conocer más de mi, de mi país y de lo que escribo. Texto y fotos de mi propiedad.
English
The hidden cost of entrepreneurship
Greetings to the @BeEntrepreneur community*
I'm encouraged to talk about private ventures by the reflections of and
, where they analyze the structural challenges these projects face.
In recent years, the rise of private entrepreneurship in Cuba has sparked debate about their real prospects for sustainability. Many of them end up succumbing not due to a lack of creativity or effort, but due to a hostile economic environment and poorly calculated decisions.
My experience as a partner of Papaya & Banana, a brand dedicated to natural cosmetics, is a clear example of how factors such as the high cost of production, inflation, and state policies can determine the failure of a business, even when it offers innovative, high-quality products.
Papaya & Banana emerged as an ambitious venture: glycerin soaps with natural ingredients (charcoal, coffee, sulfur) and aromas comparable to those of international brands. However, the first mistake was assuming that the novelty would guarantee success in a market with chronic economic constraints.
Glycerin, an essential raw material, was already expensive globally, but in Cuba its price skyrocketed due to intermediaries and bureaucratic obstacles. Launching a premium product in a society with weakened purchasing power was an underestimated risk. The paradox was evident: although the soap was in demand for its aesthetic and medicinal benefits, few could afford it on a regular basis.
State-owned enterprises are not a model for the private sector due to their inefficiency. In our case, this reality manifested itself in the impossibility of accessing reliable local inputs. Dependence on imports (from Mexico, for example) made every step more expensive: from essential oils to packaging.
Each new intermediary or regulation added links to a chain of costs that, when passed on to the final price, alienated consumers. Unlike a stable market, where entrepreneurs can project medium-term profits, in Cuba, monetary volatility and sudden prohibitions turned any planning into an exercise in fiction.
The final blow came with the devaluation of the Cuban peso and the inflationary crisis of 2021. What was initially a tight but viable profit margin turned into red ink. The equipment purchased to expand production (mixers, molds, decoration) was never amortized: the pandemic paralyzed fairs and key sales events, and customs restrictions blocked the replenishment of materials.
The virtuous cycle of reinvestment and growth was broken. The venture, which had achieved recognition at national fairs, collapsed not due to a lack of demand, but due to an environment that made scaling impossible.
The story of Papaya & Banana is not unique. It reflects a systemic problem: the lack of basic conditions for businesses to thrive, such as access to raw materials, legal predictability, and solvent markets. However, it also offers key lessons:
. Innovation must be balanced with the purchasing power of the target audience.
In fragile economies, rigid models are doomed; sources of income must be diversified and external dependencies reduced. Entrepreneurs must demand clear policies and fewer obstacles, because without structural changes, even the most brilliant ideas will be at risk.
Starting a business in Cuba continues to be an act of faith, but also of resilience. The long-range vision needed is not only commercial vision, but also the awareness that, in a dysfunctional system, success depends as much on one's own talent as on the ability to navigate and survive its contradictions.
Thank you for visiting my blog. I'm an art critic and social researcher, a food lover. I invite you to learn more about me, my country, and what I write. Text and photos are my own.