Gravitaba sobre ella,
la oscuridad y su siempre rival luz,
pero primero —antes que la ropa— cayeron
el prejuicio, la comodidad,
y la aceptación de sí misma.
Su antiguo credo
terminó postrado en el piso
y al arribo de la confianza
pudo desnudar su mente
antes que su diosa figura.
Desnuda estaba
por primera vez,
con prendas ajenas,
pero no de indumentarias.
Ella cargaba encima de sí
la duda de poder ser interesante,
mas no para mí o mi lente,
sino para aquel mundo
al que enfrentaría
vistiendo solo su piel.
Debe ser difícil desnudarse
frente a alguien que ahí está,
que no deseas o amas.
Desprenderse de dogmas,
desenfrenar la cautela
y ser libre de albedrío
ante quien tendrá cautivo,
momentáneamente,
a tu nuevo pudor
para confeccionar
arte de tu gen.
Recuerdo que primero —antes que la ropa—
ella lustrase su alma,
siguiendo en remedo
lo que mi intento de cronista
deseaba plasmar en imagen.
Insisto en que
—antes que la ropa—
cualquiera que pretenda desnudarse
debe olvidar a la audiencia,
los estereotipos y quererse más,
incluso, por encima
de las voces que,
cómplices o flagelas,
leerán una mera fábula
en lugar de la historia real
que de ella quedó
descubierta.
Ya sin la censura cultural,
dejase vestir por mi intento
de poesía de pieles,
de inexplorados gestos,
de extravagantes posturas,
con los que, creo,revelaría
descaradamente
su belleza externa,
sin que nadie notara,
excepto yo, por ahora,
lo que —antes que la ropa—
veía más hermoso de ella:
el desnudo de su paz.
Modelo: Yorlet
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