ITALIANO
FINANZE, SANITÀ E TRATTI CULTURALI atto secondo
Dal 1965 al 2010 soltanto due categorie risultavano coperte dal sistema pubblico sanitario: gli over 65 (quale che fosse il reddito) e gli indigenti (cioè coloro che vivevano al di sotto della soglia di povertà), gli unici soggetti che potevano garantirsi cure mediche gratis succedesse quel che succedesse. Anzi, per meglio dire, nel caso degli indigenti, questi ultimi ricevevano un sussidio che permettesse loro di pagare l'assicurazione sanitaria. Dunque non un sistema pubblico sanitario come immaginato in paesi quali Italia e Spagna. Tutti gli altri indistintamente, volenti o nolenti, erano costretti ad arrangiarsi. Chiunque contasse sul classico impiego subordinato si vedeva offrire l'assicurazione sanitaria dall'azienda per cui lavorava, perchè ordinariamente a carico del datore di lavoro. Peccato che in caso di perdita dell'impiego, i malcapitati perdevano anche la copertura sanitaria (per la serie le disgrazie non vengono mai da sole..). Ok, i gringos e i britannici, che negli anni settanta e ottanta stavano vivendo circostanze politiche parallele a quelle dei cugini statunitensi, erano comunque certi o quasi che il periodo da disoccupati sarebbe stato piuttosto breve, quindi la mancanza di una cultura del risparmio rientrava in tale ottimismo e diversità di prospettive, mentalità e vedute rispetto ai paesi sudeuropei. Le rogne però si verificavano quando le malattie che colpivano (specialmente gli americani) si rivelavano piuttosto gravi, al punto da far perdere la capacità lavorativa. Non tanto disabilità motorie o cognitive (in questi casi, purtroppo ignoro se durante i decenni in cui il sistema sanitario americano s'era a buon diritto ritrovato tra i peggiori del pianeta fossero comunque previste pensioni di disabilità: non conosco questo specifico argomento), ma magari una malattia seria che non lasciava segni visibili sulla capacità di movimento. Però debilitante al punto da rendere proibitivi certi impieghi, a seconda delle mansioni da svolgere. Tra l'altro, in casi come questi, quand'anche non vi fossero ostacoli alla ripresa delle funzioni lavorative, per le aziende tali lavoratori diventavano troppo onerosi, complice forse il mercantilismo sanitario che purtroppo è a tutt'ora un'amara realtà in tutto il continente americano. Quindi, perfino un ricovero ospedaliero importante poteva ben conseguire la perdita del posto per il timore del datore di lavoro che la sua azienda non riuscisse più a sostenersi sul mercato a causa di un dipendente troppo oneroso (ricordiamo l'incremento del premio assicurativo a seguito di un ricovero ospedaliero importante). A questo punto, nonostante il voler procedere senza esprimere giudizi di valore, non prospettarsi il risparmio lo trovo quanto mai imprudente. La filippica continua.
Ps.: immagine Pixabay 100% free della salute sotto chiave (https://pixabay.com/es/illustrations/clave-etiqueta-seguridad-s%c3%admbolo-2114313/)
ESPAÑOL
FINANZAS, SALUD Y RASGOS CULTURALES acto segundo
De 1965 a 2010, solamente dos categorías estaban cubiertas por el sistema sanitario público: los mayores de 65 años (fueran lo que fueran sus ingresos) y los menesterosos (es decir, los que viven por debajo del umbral de la pobreza), cabe decir los únicos que podían permitirse una asistencia médica gratuita pasase lo que pasase. Más bien, en el caso de los más pobres, recibían un subsidio para pagar el seguro médico. Por lo tanto, no se trataba de un sistema público como el imaginado en países como Italia y España. Todos los demás, les gustase o no, tenían que conformarse con seguros que talvez costaban un riñón. Quien dependía de un empleo asalariado clásico tenía un seguro médico ofrecido por la empresa para la que trabajaba, ya que normalmente lo pagaba el dueño. Pero, en caso de pérdida del empleo, junto con él se iba el seguro médico. De acuerdo, los gringos y los británicos (que en los años setenta y ochenta vivían circunstancias políticas paralelas a las de sus primos estadounidenses), sin embargo, estaban seguros o casi seguros de que su condición de desempleados sería de corta duración: por lo que la falta de una cultura del ahorro formaba parte de ese optimismo y de diferencias de perspectiva, mentalidad y visión respecto a los países del sur de Europa. El problema, sin embargo, llegaba cuando las enfermedades que los afectaban (sobre todo a los americanos) resultaban ser bastante graves, talvez hasta el punto de perder la capacidad de trabajar. No tanto las discapacidades motrices o cognitivas (en estos casos, siento no saber si durante las décadas en las que el sistema sanitario estadounidense estaba, con razón, entre los peores del mundo, se concedían pensiones de invalidez: no conozco este específico asunto), sino quizá una enfermedad grave que todavía no dejaba señales visibles en la capacidad de movimiento. Pero debilitante hasta el punto de hacer prohibitivos ciertos trabajos, dependiendo de las tareas a realizar. Además, en casos como este, aunque no hubiera obstáculos para reanudar las funciones laborales, estos trabajadores resultaban demasiado caros para las empresas, quizá debido al mercantilismo de la sanidad que, desafortunadamente, sigue siendo una amarga realidad en todo el continente americano. Así, incluso una hospitalización importante podría suponer la pérdida del empleo porque el dueño bien podía temer que su empresa ya no consiguiera sostenerse en el mercado por causa de un empleado que representase una sobrecarga (hay que recordar el incremento de la prima del seguro después de una hospitalización importante). Ahora, a pesar de querer seguir sin juicios de valor, me parece de lo más imprudente no considerar el ahorro de dinero. El papeleo va a seguir.
Ps.: imagen Pixabay 100% free de la salud bajo llave (https://pixabay.com/es/illustrations/clave-etiqueta-seguridad-s%c3%admbolo-2114313/)