ITALIANO
Un salto nel tempo: atto sesto
Nel frattempo mi ero sposata e andavo avanti a suonare il pianoforte, o meglio l'organo in dotazione alla chiesetta di appartenenza di mio padre. C'era anche stato un periodo in cui avevo trovato lavoro occasionale da insegnante privata di pianoforte e nel frattempo m'era pure capitato di lavorare a un seggio elettorale (per l'incarico di scrutatrice venivo chiamata spesso, a onor del vero, affare che ritengo positivo in epoca di elezioni, ma vabbè, questa è un'altra storia). Poi però gli eventi erano precipitati. Un mio incidente motociclistico (grazie a Dio senza alcun danno a terzi, neppure materiale) in cui avevo rimediato mezza testa spaccata, un lungo ricovero ospedaliero e una sedia a rotelle per qualche tempo, una recidiva di cancro di mia madre, che accompagnata da altri mali, due anni dopo l'avrebbe portata alla tomba, il decesso di mio padre, figuriamoci, mentre era ricoverata in un reparto d'infermeria della casa di riposo comunale. Per forza di cose avevo abbandonato gli studi per partecipare ai concorsi pubblici di secondo grado e prima ancora qualunque attività avesse a che fare con la musica. Le ingenti spese in cui eravamo incorsi a causa delle condizioni di mia madre, già gravemente disabile da prima dei fattacci, avevano richiesto certe decisioni anche dopo il suo decesso. Se prima di allora eravamo una famiglia piccolo-borghese che poteva permettersi spese ben oltre lo stretto necessario per arrivare a fine mese, in seguito s'era fatto necessario scegliere tra una e l'altra alternativa. Approfittando del cambio 4 a 1 euro/real, alla fine io e mio marito (che per amor di cronaca, s'era rovinato mancando a un importante concorso pubblico per amor di mia madre, dato che bontà loro glielo avevano spostato di ben 4 mesi, ma purtroppo non potevo aspettare oltre a quanto avevo fatto) avevamo deciso di trasferirci per sempre nel suo paese. Ma non potevamo affrontare certe spese, tipo portarmi l'automobile, una meravigliosa Lancia Musa che dovetti vendere. Nemmeno il pianoforte. Non potevo squagliarmi tutti i denari della vendita dell'appartamento che avevo ereditato per pagare il trasporto di un'automobile e di strumenti musicali purtroppo ingombranti. Il pianoforte verticale che avevo, impossibile da vendere perchè non vedeva un accordatore da troppi anni, oltre alla presenza di tasti non funzionanti, finii per regalarlo. E il mio violino, quello di lusso, costruito da un liutaio ai tempi in cui frequentavo le magistrali, venduto. Un secondo violino, di quelli definiti cinesi, considerati di seconda e pure terza categoria, lo lasciai a una cara amica musicista. Sentivo che non sarebbe stato saggio affrontare le spese per trasportarli in aereo. La filippica continua.
Ps.: immagine Pixabay 100% free (https://pixabay.com/es/photos/viol%c3%adn-instrumento-5532995/), quanto di più somigliante al violino lussuoso che dovetti vendere
ESPAÑOL
Viaje en el tiempo: sexto acto
Mientras tanto, me había casado y aún tocaba el piano, o más bien el órgano, en la pequeña iglesia de mi padre. También hubo un tiempo en el que había encontrado un trabajo ocasional como profesora particular de piano. Mientras tanto, también había trabajado por casualidad en un colegio electoral (a menudo me llamaban para hacer de escrutadora: a ser sincera, es lo que considero algo genial en época de elecciones, pero esa es otra historia). Pero, entonces, los acontecimientos se precipitaron. Un accidente de moto en el que me había roto mitad de la cabeza
(gracias a Dios, sin daños a terceros, ni siquiera materiales, pero había terminado con una larga estancia en el hospital y teniendo que utilizar una silla de ruedas durante algún tiempo). Una recidiva de cáncer de mi madre que, acompañada de otras dolencias, la llevaría a la tumba dos años después. Por no hablar de la muerte de mi padre, mientras ella estaba en la enfermería de la residencia municipal de ancianos. Por necesidad había abandonado mis estudios para opositar en ciertos niveles y antes de eso, en cualquier actividad musical. Los enormes gastos en los que habíamos incurrido debido al estado de mi madre, que ya estaba gravemente discapacitada antes de los acontecimientos, habían requerido ciertas decisiones, incluso después de su fallecimiento. Si antes éramos una familia de común y corriente clase media que podía permitirse gastar más allá de lo mínimo para llegar a fin de mes, entonces se hizo necesario elegir entre una u otra alternativa. Por empezar, aprovechamos el cambio de cuatro a uno euro/real. Al final, mi marido y yo (para que conste, él se había arruinado al perderse una importante oposición por el bien de mi madre, ya que habían tenido la amabilidad de aplazarla de unos buenos cuatro meses e infelizmente yo no podía esperar más de lo que había hecho para que viajara a Italia) habíamos decidido trasladarnos definitivamente a su país. Pero no pudimos encarar ciertos gastos, como traerme el coche, un maravilloso Lancia Musa que tuve que vender. Ni siquiera el piano. No podía despilfarrar todo el dinero de la venta del piso que había heredado para pagar el transporte de un coche y unos instrumentos musicales bien voluminosos. El piano vertical que tenía, imposible de vender porque hacía demasiados años que no veía un afinador, además de que unas teclas no funcionaban, lo acabé regalando. Y mi violín, el de lujo, fabricado por un luthier en mi época del magisterio, también lo vendí. Un segundo violín, de los definidos chinos, considerados de segunda e incluso tercera clase, se lo dejé a una querida amiga música. Como había llegado a la conclusión que no fuera prudente incurrir en el gasto de transportarlos en el avión. El papeleo continúa.
Ps.: imagen Pixabay 100% free (https://pixabay.com/es/photos/viol%c3%adn-instrumento-5532995/), lo que encontré que fuese más clavado al violín de lujo que tuve que vender