Después de tanto ajetreo y de tanto posponer este viaje por fin pude ir a visitar a mi sobrino, él vive en Santa Bárbara de Maturín, Estado Monagas.
Es un lugar bellísimo, lleno de mucha naturaleza, alejado de todo el ajetreo de las ciudades.
Al final del día, cuando el sol comenzó a ponerse en el horizonte, encontré un lugar perfecto para sentarme y contemplar el espectáculo del cielo estrellado. Las estrellas brillaban con una intensidad desconocida para mí, como si quisieran transmitirme su energía cósmica y recordarme la inmensidad del universo.
Mi visita al campo fue más que un simple escape de la rutina diaria. Fue un reencuentro con la esencia de la vida, una oportunidad para desconectar del ruido y reconectarme con la belleza y la tranquilidad de la naturaleza. Regreso a casa con el corazón lleno de gratitud y con la promesa de volver pronto a este paraíso natural que ha dejado una huella indeleble en mi alma.