Crecí en medio de una familia muy creyente aunque no tan practicante, aunque los sacramentos estaban a la orden del día. En ese sentido, tras culminar la confirmación con 16 años comencé un proceso vocacional que me llevo a la vida religiosa por cierto tiempo.
Digo todo esto como contexto para decirles que aunque en estos años he sido muy poco prácticamente, las iglesias son para mí un lugar muy mágico, me conectan con la parte más mística de mi espiritualidad. Este viernes tuve la oportunidad de visitar una iglesia muy icónica en la región, en las afueras de Barquisimeto hay un pequeño pueblito llamado Santa Rosa, era una misa de graduación a la que asistí y debo confesar que me gustó mucho el momento, además de compartir un lindo momento con seres queridos, el reconectar con lo sacro fue muy especial.
Pensaba en la idea de la diferencia de lo que podemos denominar tiempo sacro y tiempo profano. Y me parece un ejercicio de reflexión interesante. Me preguntaba ¿Puede haber tiempo Sacro en la cotidianidad? Y no me refiero a destinar un momento del día ir a la iglesia, sino más bien, a destinar un espacio o momento en nuestro día a día a la oración, o la contemplación, un momento Sacro.
Confieso que me hacía falta visitar algún templo, y el hacerlo me dió paz, necesitaba un poco de eso... Han sido días un poco agotadores...