En uno de mis paseos me encontré con esta antigua droguería, un lugar en el que preparaban medicinas tradicionales y antiguas. Ignoro si aún opera o si es una especie de casa museo, solo pasé rápidamente por ahí. A través de la ventana se podían ver frascos con rótulos que indicaban productos que quizá hoy no se usan de la misma manera y yo supongo que es meramente decorativo. Sin embargo esos siguen siendo principios activos de medicamentos que las farmacéuticas fabrican y distribuyen.
Mirar por esa ventana fue viajar en el tiempo.
Recordé que en Cumaná había una farmacia (quizá más de una) que preparaba algunos productos (fórmulas magistrales), sobre todo ungüentos y seguian fórmulas antiguas que habían pasado de generación en generación.
Hoy recurrimos más a lo que viene una caja, que está aprobado, certificado, estandarizado, pero antes, las abuelas de esas fórmulas nacieron en el meson de algún boticario.
La ciencia sigue avanzando, pero siempre habrá un lugar para las tradiciones y recetas heredadas. Porque en casi todas las casas hay un remedio casero que nos dejó alguna abuela.
Fotos de mi autoría.