Resulta pesimista imaginar que la curiosidad del humano está siendo reemplazada. Me gusta creer que aún existen mentes y corazones sensibles que se detienen por minutos a admirar la creación más significativa de cualquier artista, me gusta creer que aún existen almas domadas por el amor hacia los detalles que dedican unos breves minutos a tratar de descifrar la profundidad de una obra. Algo tan vacío puede resultar en un leve roce de corazones. El arte y la sensibilidad luchan contra el paso del tiempo; le teme a la muerte y al olvido, sin embargo, siempre estará dispuesto a mostrarnos sin tapujos, su tierna debilidad.