Nuestra primera navidad ni siquiera te podías sentar, te veía y pensaba “Querida hija. ¿Cuándo te podrás sentar, cantar, correr y caminar?.”
Veía tan lejos esos momentos, ya ha pasado un año, donde tomadas de la mano hemos progresado, yo te he ensañado aunque creo que la maestra aquí has sido tú, gracias, mil gracias amada hija, porque de ti he aprendido a valorar hasta el más mínimo segundo juntas, que los mejores regalos son momentos envueltos de tus besitos y sonrisas, eres la verdadera luz de mi vida.
El mejor regalo de navidad por el resto de mis días, siempre será tu amor con la envoltura de tus sonrisas.