Les saludo con el corazón.
En esta ocasión participando en un concurso que nos trae la comunidad titulado el espejo, agradeciendo la invitación de mi gran y hermosa amiga
. Disfrútenlo.
Todo comienza una mañana mientras Mariana decide qué meditación realizará cómo todos los días.
Entre las opciones, se topa con una que le llama su atención; sanando con cetáceos y decide probarla.
Poco a poco se va sumergiendo en el mar junto a la voz que guía la meditación, respirando y exhalado su cuerpo relajado va sintiendo el frío de la profundidad del mar, a lo lejos aparecen los delfines con su silbido peculiar junto al canto de las ballenas.
Mariana, bajo el estado meditativo, escucha una voz que le grita ¡fea! una vez más y otra, esta voz la saca de la concentración y de pronto siente miedo, se arranca los audífonos y sale corriendo al baño, mientras se lava la cara, se observa al espejo, se mira fijamente a través de sus grandes ojos café, y escucha la voz que le grita de nuevo ¡Fea!, ¡Fea!¡Fea!, ¡Fea!
Desde el espejo. Foto tomada de mi celular
Vuelve a la lavar su cara y se observa de nuevo al espejo, en el fondo de sus pupilas su reflejo le dice:
-mira profundamente …
Mientras se observa, ve cómo su rostro va cambiando, y reconociéndose en el rostro en su madre, en su abuela, en sus tías, en sus primas, en su hermana, en sus amigas, en tantas mujeres, en infinitos rostros hermosos que alguna vez en forma de ofensa le dijeron esta palabra que marcó sus vidas para siempre.
Mariana, en medio de tantos rostros, reconoce el suyo y revive la escena de aquel día cuando en el colegio le llamaron ¡Fea! Con sus ojos llenos de lágrimas y sus manos junto a su corazón pronuncia las siguientes palabras:
-Yo Mariana García, en el nombre de mi linaje femenino y el de cada mujer que hoy vinieron a mí, rompo la cadena del daño causado y perdono a los que nos ofendieron porqué ellos también fueron ofendidos, deshago este recuerdo grabado en nuestra memoria, en nuestro subconsciente ya no existe, sanando toda memoria de dolor en nosotras, sabiéndonos seres hermosos...
Así cada rostro reflejado se despide agradecido y sonriente, los ojos de Mariana se quedan observando su hermoso reflejo feliz. Mientras vuelve a escuchar la voz de la guía en la meditación indicando con la campanilla que la sesión ha terminado.
Invito participar a mi buen amigo y deleitarnos con su relato.