Siempre que la visitaba mi corazón vibraba en gozo, cada piedra parecía cobrar vida al acercarme. Fue mi lugar feliz desde la infancia, aquella casita era todo lo que yo necesitaba para tener paz y sosiego. Con el paso del tiempo, tuve que espaciar las visitas, las demandas de la vida adulta me impedían ir tanto como yo quería, sin embargo, cada tanto lograba ir. Me sentaba en sus sillitas de madera, encendía la estufa y me preparaba un té.
Todo se echó a perder el día que compartí mi secreto. Sentí que ya era hora de que mi mujer supiera de la existencia de mi recinto de paz y que lo visitara conmigo. Nos alistamos muy temprano aquel domingo, armé una cesta con frutas y emprendimos el camino.
Al llegar, nos recibió esplendorosa, sus muros de piedras parecían brazos abiertos. Pero mi mujer no la vio, solo balbuceó frases sin sentido, visiblemente perturbada. Desde entonces estoy aquí, entre estas cuatro paredes blancas. En las tardes me desatan y me dan pastillas. Pero ahora, ella es la que me visita, la casita abandonada viene hasta aquí. Esta vez no diré nada, me llevaré mi secreto hasta la tumba.
Esta es mi entrada para el concurso que los amigos de nos traen en su 10ma edición.
La fotografía de la portada, e inspiración del relato, es de y la edición es de
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Para participar pueden revisar la convocatoria aquí. De igual forma invito a y a
para ver si se animan. 😊
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