Desperté y sentí el cuerpo un tanto liviano. Antes de la operación, lo único que podía oír era una grabación de voz que enumeraba todos los posibles riesgos y el cómo la “organización” no se hacía responsable por cualquier imprevisto o falla durante el procedimiento.
Me pareció gracioso escuchar eso ahora, cuando me habían jurado que la tasa de éxito era de un 99%. Aunque en mi situación hasta menos de un 10% habría resultado prometedor.
A mi cuerpo humano ya no le quedaba mucho tiempo de vida y la transferencia inter-especie fue la única manera que encontré de aliviar mi miedo hacia el desconocido “Más Allá”.
Una enfermera de piel verde y llena de escamas vino para facilitarme un espejo y un plato de comida. Me senté al borde de la cama con el plato sobre las piernas y me quedé así, inmóvil, sin el valor de ver mi reflejo en el espejo. Sin el valor de ver a mi nuevo yo.
Imagen cortesía de
Post creado para participar del Extraño concurso No. 33 - Hive Mexico