Filio tenía 80 años vivía en una pequeña casa que mantenía como una tasita de plata, allí se crio, desposo y enviudo, recordando con amor las enseñanzas de sus ancestros de quienes recibió el legado “ser pobre y humilde no significa ser miserable con nuestra vida” esa memoria lo llenaba de coraje y nobleza colaborando con su comunidad, manteniendo la limpieza un día en el parque y otra en la calle.
Esta actitud molestaba a algunas personas quienes lo juzgaban de maniático de la limpieza…Un día para jugarle una broma escondieron la escoba del patio de su casa dejándoles en su lugar un rastrillo hecho con ramas secas.
Filio al percatarse que no estaba su escoba dijo: ¡Gracias Dios hoy se hará tu voluntad y no la mía! con este rastrillo reuniré las hojas secar del parque para hacer abono y así sembrar nuevas plantas medicinales para la comunidad.