No tenía forma de controlar la escoba, era ella quien me dirigía a todas partes de forma muy brusca, necesitaba hacer algo para solucionar tal desastre; apenas lograba bajarme de ella, como loca me perseguía. No quería ya ni levantarme de la cama para no ver la tonta escoba, lo pensé mucho y decidí que ninguna escoba me amedentraria.
Me armé de valor y monté a la escoba, quien me elevó con todas sus ganas quedando yo toda desajustada, ella me llevaba a toda velocidad, casi me estrella contra un árbol, luego contra una inmensa piedra, subió lo más alto que pudo y cuando de pronto se dejó caer, mis ojos cerrados estaban pensé que moriría en un instante y cuando por fin abrí los ojos me había quedado dormida junto al banco y allí la escoba con que barría el patio.
Gracias a
y
por la gran oportunidad de incentivar la escritura creativa para así dejar volar la imaginación y poner la pluma en movimiento.