Saludos, amigos.
Me sumo a esta semana del terror asistiendo al Concurso Hivelloween: La fiesta maldita, convocado por ,
Agradezco la permanencia de , de #hive-mexico en su afán de promover la escritura. Esta vez con un reto que toca un tema importantísimo en la cultura occidental y particularmente en la cultura mexicana. La convocatoria al concurso se puede ver aquí.
No grites más hermana, no llores más... nadie puede oírnos, estamos debajo de esa tapa oscura. Trata de no moverte tanto, guarda tu fuerza para que tengamos una muerte dulce.
Yo he tenido este sueño muchas veces. Tal vez era nuestro destino. Déjame que te abrace, recuerda lo que mamá contaba del día en que nacimos. Decía que no podíamos estar la una sin la otra, que llorábamos si sacaban a alguna de las dos de la cuna.
Nacimos juntas y moriremos juntas.
Hace muy poco tiempo que estamos aquí abajo, por qué tuvimos que imaginar la risa de esos niños, ¡se escuchaban tan cerca! Por qué tuvo que atraernos, esa risa, hasta este lugar lejano del cementerio.
Parecían tan felices, dos niños como nosotras, sentados tan pacíficos, tan sonreídos. Fueron tan amables al ofrecernos levantarse ellos para que nos sentáramos nosotras.
Soy tu hermana mayor porque nací primero, tuve que haber impedido que él te tocara después de invitarte a sentarse a tu lado… Tuve que haber gritado con todas mis fuerzas. ¡Papá y mamá nos hubieran oído! Ahora estarán buscándonos…
Cierra los ojos hermanita, mantén tus manos juntas, no intentes averiguar lo que nos rodea. Mis ojos, que ya se han acostumbrado a la oscuridad, lo han visto.
Ahora entiendo los cuentos de los adultos, cada año dos niñas han desaparecido, jamás se han encontrado y han pasado al recuerdo como ejemplo de castigo divino por no tomar en serio el día de los muertos.
Dicen los viejos que es una festividad maldita, que llama a los espíritus de abajo de la tierra, a las fuerzas oscuras, las que no tienen paz.
No abras los ojos, Linda, que ellos están bajando. Ya colocan la tapa, se acercan con bebidas, traen calabazas y velas, son dos niños traviesos que juegan a estar vivos, que han olvidado la frescura del aire, el calor de la sangre, las risas familiares, los besos de su madre. Ahora ordenan la tumba, ponen flores.
Ya no son como niños, ahora se descarnan, tiemblan… ahora son idénticos, se sientan otra vez uno al lado del otro.
Llegó la media noche y nadie los ha llamado, ni sus luces, ni sus nombres suenan hoy en el mundo de arriba.
Parecen estar conformes…Así se quedarán hasta el año siguiente, mirándonos como a juguetes nuevos…
Ahora estoy regresando en mis recuerdos… Mamá estará tranquila, con el tiempo, sabrá que, donde estemos, estaremos bien porque quedamos juntas.
las fotografías son propias, realizadas sobre una réplica de Los negritos de Cerisola del escultor español Ángel Cabré, con un fondo de foto gratuita de Pixabay.