El espejo del Rosel
Habían pasado ya tres días de la muerte de Rosel, sin embargo, apenas había podido descansar mi cabeza sobre una silla por breves momentos del sepelio, tanto tramite con la clínica en donde la llevamos no eran suficientes sino también que lidiar con las constantes entrevistas e inspecciones al hogar que hacían los profesionales forenses de la estación de policía, esto me tenía completamente estresado que creo que no me dio tiempo ni de pensar el gran cambio de rutina que representaría regresar a casa sin ella.
No obstante, al estar en la quietud de la casa, escuché el tintineo de los móviles de cristal que con tanto entusiasmo ella había puesto en la ventana al balcón para anunciar la llegada del viento o de algún ánima familiar que acostumbrara a visitarnos, recordé su constates narrativas acerca de aquel asunto que tanto le fascinaba, por un momento pensé que aquello solo podía haber sido una casualidad y que solo extrañaba su rostro enrojecido por el calor del verano hablando tan ávidamente sobre los espantos que confundía con el viento.
Me paré de frente en dicha ventana a escuchar más de cerca el tintineo, la luz de la luna parecía iluminar el recinto con mas intensidad de lo normal, al darme vuelta con la sola intención de buscar mi cama vi que en el espejo del tocador de Rosel se encontraba un papel incrustado, nunca lo había visto antes a pesar de su costumbre de encajar notas en la ranura entre el espejo y la madera para indicar cualquier tarea a realizar o un mensaje como “Pedro calienta lo que dejé en el microondas”, sin embargo hacían tres días que había encontrado desangrado el frágil cuerpo de Rosel en la cama y no recuerdo haber visto dicho papel, además la habitación había sido requisada y violentada por los forenses en los días anteriores, cómo sobrevivió ese papel, no quise darle más vuelta al asunto y decidí tomarlo, este decía con la inconfundible caligrafía torcida de Rosel “ahora te toca saldar la deuda con el viento”
Concurso de escritura