La fuerza del impacto me dejó aturdido, por momentos no supe de mí. Al recobrar el ánimo miré a mi compañero, estaba muerto. Como pude salí de la destrozada avioneta. El frío era intenso…
Perdido caminé por la montaña casi hasta el anochecer. Las fuerzas me abandonaron. Resignado me desplomé al borde de un saliente que me protegía de la ventisca, una tibia ensoñación se apoderó de mí…
Soñé, ¿o quizás no?…que un venado hembra me lamía la cara. La mirada de aquel animal era extraña y a través de sus ojos podía distinguir perfectamente la imagen de una anciana… Y de sus labios brotaron las palabras…
Aquella voz hablaba en Náhuatl, el lenguaje de mis ancestros que yo entendía como por arte de magia. Me decía que era la Reina del Toluca y que hoy no sería el último de mis días…
La anciana me levantó del suelo... Con una fuerza sobrenatural me echó sobre sus hombros. Y sentí el vaivén de su caminar seguro…
Poco antes del amanecer abrí los ojos…Dos hombres vinieron corriendo desde la casa cercana al lago…
—¡No te preocupes…! Dijeron.
—¡Los equipos de rescate vienen en camino…!
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