Gracias a por invitarme y a
por proponer este concurso por medio de
esta es mi entrada.
Samuel mira desde la ventana mientras sus ojos ya cansados y oscurecidos por la vida solo le dejan ver borrones de la vida que tenía.
Ya casi no recuerda que fue de su infancia, por lo que mucho de lo que cuenta es en parte creación de su mismo cerebro para hacerlo sentir parte de una historia que quizás nunca existió.
-Con el paso de los años tu vida va adquiriendo un valor, que solo eres capaz de reconocer cuando ya todo, nada vale...-
Esas fueron las palabras que le dirigió Samuel, a su nieto el día que se fue a la universidad y lo dejó en el asilo de Buenos Prados.
Y muchas otras veces más lo oímos decir estas palabras que eran como su especie de frase motivadora; si, quizás no eran las mejores, pero al pensar un poco, en todas las veces que contó parte de su vida cobraron sentido para nosotros.
Cuando era un niño mientras vivía en el campo, aprendió a usar el rifle al proteger de un tigre a las vacas, y a los 17 se enlistó en el ejército donde en 2 meses ya estaba pilotando aviones y 4 meses luego de eso fue derribado en la Selva de Borneo donde logró sobrevivir alimentándose de lo que pudo, recibió una medalla de honor y no volvió a unirse al ejército, sino que decidió hacer su vida, se casó y trabajó para una gran compañía automotriz donde terminó diseñando autos personalizados para clientes importantes.
En esto se resumía su vida, contándonosla cada 3 días, pero los días que más hablaba nos hablaba de Alison, se esposa y eterno amor quien según palabras de él:
—Me arrebato de los brazos y la vida, el cáncer—
Luego de hablar de ella, quedaba tan exhausto emocionalmente que no hablaba durante 2 días.
Al final tenía razón su vida valía cada experiencia vivida y cada recuerdo grabado, pero realmente nada tenía verdadero valor para él.