En el valle de Tequetetán
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Se escuchan ─sssss─ en el valle de los Pinos,/
muy cerca del pueblo de Tequetetán,/
─parece mentira, ya ustedes lo oirán─/
unos estertores de sonidos finos.
Cuentan que sucede en la Navidad/
como si los muertos ─sssss─ quisieran volver,/
como si sus huesos sintieran placer/
por entrar al mundo de la humanidad.
Quienes han pasado cerca del lugar/
oyeron, ─algo que ustedes pronto oirán―/
cómo chilla el árbol de Tequetetán/
sintiéndose humano ―placer singular―.
Cuentan que sucede en la Navidad/
cuando se alborotan las gracias humanas/
que los pobres muertos revientan sus lianas/
y trepan los árboles de la oscuridad.
Pero no han podido volar sus alfombras,/
pero en cambio pueden redimir del mal/
al humano mísero de instinto fatal/
que pretende el vicio bajo de sus sombras.
Se cuenta la historia del joven galán/
que venía cantando sus grandes conquistas,/
se jactaba el chico de sus largas listas,/
de comerle a muchas el vino y el pan.
Y al entrar al valle de los pinos viejos/
un dolor de ramas con muy fuertes nudos/
le abrieron el alma con llantos agudos/
y cuentan que el joven, dejó los cortejos.
También se comenta de la joven ´santa´/
que cedía su sede al necesitado,/
que no le importaba soltero o casado/
ni podrir los frutos de una madre planta.
La chica no supo cómo llegó al valle/
con su vieja mácula de ceder su sede,/
se subió el vestido como quien se excede/
y ahora anda seria por la santa calle.
Si alguna vez pasan por Tequetetán/
cuando sean las fiestas de la Navidad/
canten a los árboles, ¡den felicidad!/
compartan con ellos el amor y el pan.
Imagen tomada del concurso y editada en Canva
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