Saludos, amigos lectores de #Hive. Concurro al concurso de microrrelatos acerca de demonios, convocado por #Fuerza-Hispana, del cual pueden ver aquí sus bases, con la recreación de una figura quizás no muy conocida en general.
Aunque se apuró para salir del salón de clases, cuando llegó a la parada el último bus había partido. Todos sus condiscípulos habían logrado tomar la unidad y él se quedó solo. Estuvo esperando un buen rato y no pasó ningún transporte público, ni persona conocida. Decidió caminar entonces.
Las calles estaban solitarias y en penumbras. No le gustó ese ambiente, pero tenía que seguir. Su residencia quedaba bastante retirada de la universidad. Continuar por la larga avenida a la que ahora arribaba le implicaría un dilatado trayecto. Había escuchado a sus compañeros de residencia que existía un atajo por el terreno boscoso que bordeaba la carretera. Tomaría por ahí.
Por suerte esta vez no llevaba sino su libro de Historia de las religiones. Recordó la clase de hoy sobre diferentes demonios, y sintió un poco de miedo. Tropezó y volvió en sí; el sendero era pedregoso y solo la mortecina luz de la luna aparecía en la espesura.
Avistó una luz más fuerte, amarilla, como de un farol, y respiró. Volvió a tropezar y cayó. Sintió las garras que lo atenazaron.
En el sendero solo encontraron su diccionario de mitología marcado en la página de Ixpuxtequi.*