—¡No quiero ese viejo piano!
mirando a su padre y al vendedor, Pedrito refuta:
—¿quién puede aprender en algo así?
Cuando el vendedor vio lo que había pasado, le preguntó al padre si podía hablar con Pedrito y el padre aceptó, así que fueron a la otra sala de la tienda y le dijo:
—¡ven, quiero enseñarte algo!
Y así entraron por una puerta, que era una máquina del tiempo que les transportó al año 1668, donde pudo ver a un joven llamado Bartolomeo Cristofori, fabricando un piano similar al que le había comprado su padre. El vendedor le preguntó a Pedrito:
—¿Crees tu que, que en ese piano, alguien pueda aprender a tocar una nota bonita?
Pedrito le mira descontento, y el vendedor le sigue diciendo:
—¡Volvamos a la máquina del tiempo!
Así llegan al año 1700 donde observan nuevamente a Bartolomeo pero esta vez con su piano terminado y tocando hermosas notas que hasta Pedrito se enamoró, y le dice al vendedor:
—¡Qué hermosa melodía!
Mirándolo, el vendedor le dice a Pedrito:
—Como ves, no hay que dejarse llevar por lo primero que ven nuestros ojos sin antes dar la oportunidad de escuchar lo que hay dentro,
Pedrito lo mira y le da un fuerte abrazo y volviendo a la máquina del tiempo regresan a donde estaba su padre. Solo habían pasado cinco minutos para su padre.
Pedrito corre y abraza a su padre y le dice:
—¡Gracias papá por este regalo!, ¡lo cuidaré bien!
Y así volvieron a casa felices, Pedrito y su Papá, junto con su piano.
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