Fue una tarde de un día viernes, cuando invité a mi novia a dar un paseo, ella me dijo para visitar el parque de Lomas de Nayarit, bueno, la verdad que me pareció muy bien esta idea, porque los ambientes naturales son relajadores, es maravilloso oír el canto de los pájaros y sentir la brisa pura que emanan de los vaivenes de las palmeras; así que, sin pensarlo dos veces, nos dirigimos al parque, decidimos entrar por el lado oeste para disfrutar de lo nutrido de su vegetación hasta llegar al área más concurrido por los visitantes, que es la plazoleta donde se encuentra el gran revolucionario y legendario Pancho Villa.
Así que, entre platicas y risas, mi novia y yo emprendimos el paseo sobre las caminerías de piedras, todo el ambiente era tranquilo y agradable, aunque muy solitario; después de una hora de camino, observamos que la tarde agonizaba, ya las inquietas aves comenzaban a buscar sus nidos y madrigueras, mientras nosotros decidimos apurar el paso, porque cada vez mas se estrechaba la vegetación sobre nosotros y todo se ponía oscuro, apenas se filtraban algunos rayos de luz entre los arboles, era como estar dentro de un túnel, mi novia me decía, -¡Apúrate! Juan-, siento que nos acosan con miradas, -no se- siento algo extraño sobre mi piel, y le dije: Si Dalia, yo también siento algo extraño, y precisamente, cuando decidimos correr, escuchamos unos ruidos, similares a los cristales cuando caen al suelo, y mientras corríamos, comenzamos a mirar para todos lados y fue entonces, cuando pudimos ver que unas estatuas que estaban abandonadas al pie de unos árboles, comenzaron a desintegrarse y los pedazos de sus rostros volaban por los aires y caían al suelo, mientras nosotros seguíamos corriendo hasta dejar atrás esas horribles cosas que parecieran tener vida, después de correr y correr, al fin pudimos salir de ese aterrador túnel de vegetación y al llegar a la plaza levantamos la cabeza y nos quedamos mirando la estatua de Pancho Villa, en sus ojos había algo extraño, creo que intentaba decirnos algo.
Bueno amigos espero que les haya gustado este microrrelato, y les recuerdo que no es bueno tener estatuas en casa, ni encariñarse con ninguna estatua que este en un parque, plaza o en la calle, porque de tanto admirarlos, quizás estas cosas les demos vida, así que ojo con esto, saludos.