Hola mis queridos amigos de Hive , estoy muy complacida con esta iniciativa de , denominada Mi juego favorito, donde podemos recordar nuestros mejores momentos de la infancia y así poder hablar de esos maravillosos juegos que durante mucho tiempo nos cautivaron, invito a mis amigas
y
a que participen y nos cuenten esas maravillosas historias.
Las Escondidas
Durante muchos años, este fue mi juego favorito, lo jugaba siempre en el colegio y en mi casa con mis primos. Lo que más me gustaba de este juego era el momento de correr y liberar a todos tus compañeros, por otro lado, algo que nunca me gustó fue cantarla y tener que buscar a los demás, a veces eso me cansaba.Recuerdo que para empezar a jugar lo primero que hacíamos era pasarnos la piedra unos a otros y al final el que se quedaba con la piedra era el que la cantaba.
Como niños a veces somos muy literales a la hora de seguir las reglas o instrucciones de un juego, recuerdo la primera vez que jugué a las escondidas y recuerdo que mis primos me explicaron muy bien las reglas. Una de ellas y la más importante, era que tenía que esconderme y no podía salir hasta que uno de los compañeros cantara: libertad por todos , por eso no debía salir de mi escondite ya que si me veían, perdía y tenía que cantarla.
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Como yo no quería cantarla, seguí las normas al pie de la letra , recuerdo que mi prima empezó a contar y salimos todos corriendo, estaba tan nerviosa que decidí meterme en una habitación y me escondí en la cesta de la ropa limpia, recuerdo que saqué toda la ropa, me metí con todo y zapatos en la cesta y luego me puse la ropa encima, menos mal que mi madre no me vio, se hubiese enfadado mucho, porque yo le estaba ensuciando la ropa.
Estando ya escondida, hice el máximo silencio posible y escuché que mi prima dejó de contar, ¡ahí viene! dije en mi mente, mientras mi corazón se aceleraba, pero para mi sorpresa mi prima no llegó a la habitación, pasaron cinco minutos y nadie llegaba, pasaron diez minutos y en ese momento ya se me había quitado hasta el susto. Pasó media hora y yo seguía escondida en la cesta de la ropa, recordando claramente las instrucciones: no salgas, porque si te ven, pierdes. Una hora más tarde escuche a mi madre gritar, llamándome por mi nombre y buscándome por toda la casa.
—Me quieren engañar
Dije en voz baja
— Pero..., no voy a salir.
Diez minutos mas tarde oí que mi padre y mi abuela también me llamaban y dije:
— ¿Será que están jugando? qué raro, ellos nunca juegan
Pero algo en mi conciencia me decía que saliera.
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Finalmente me armé de valor y dije:
—Ni modo tendré que cantarla
Cuando salí ya era de noche, mi mamá estaba asustada y todos mis primos se habían ido, nadie me dijo que habíamos terminado de jugar, bueno cómo me lo iban a decir si no sabían dónde estaba .
Ese día aprendí una lección muy valiosa para jugar las escondidas y es que cuando uno se esconde, no debe esconderse tanto, para que lo puedan encontrar.