PASÉ POR UN PUEBLO
Me habían dicho que vivía de espalda y me fui por la vida. Pasé por un pueblo donde todos estaban como yo; las lanchas afincaban sus lomos sobre las aguas, como debe ser; pero los hombres que estaban frente al mar se veían de espaldas aunque de ojos, de rostros, de narices parecían metidos en el espejo del agua.
Estaban de espaldas porque de espalda están los que frente al mar no meditan, no piensan que las aguas inventaron a los espejos, que el mar es el tiempo; que a veces va de corriente partida, de calma sinuosa o de ola sencilla.
Pasé por Nayarit; allá quedé, en las olas, para llegar a más orillas, sentí que la brisa no le golpeaba el rostro a nadie o fueron ideas porque ahora, de regreso, me pesa subliminalmente el recuerdo de aquel pueblo y de su mar que ahora me lleva.
Amigos, aún pueden participar en este interesante concurso de microrrelatos