Memorias a mi madre
Sentí un vacío tan profundo, al entrar a ese lugar tan sombrío, carente de vida, ahora es muy diferente el desván, era el lugar predilecto de ella, antes era con buena iluminación, acogedor provocaba quedarse por largas horas. Cuando mi madre murió, tenía dieciséis años, solo me queda recordar cuando agonizaba y no pude ayudarla, la presencia del cura cuando le dio los santos óleos la hizo suspirar y quedarse tranquila como dormida, se fue en paz. Después de su muerte lo que me quedó fue refugiarme en el desván que estaba solo, vacío y en silencio, esos tres ingredientes fueron mi mejor compañía, en la etapa de duelo, hasta que mi hermana llegó de Europa, vino a tomar el rol de madre a pesar de no llenar ese vacío, su amor, cariño y comprensión fueron suficiente para estar más tranquilo. Aquí estoy cuarenta años después recordando a mi madre.