Fuente
El desván es un espacio para sentarse a leer mis historias, poemas, reflexiones y otras manifestaciones literarias, donde la realidad y la ficción se entrelazan dándole a la vida esa magia de lo indecible. Un lugar para soñar, reír, llorar, transportarnos a mundos, cercanos y lejanos, embarcados en la nave más rápida que se haya inventado: la imaginación.
La chica sentada en el piso, absorta ante los libros que están a su frente y espalda, tiene un encanto especial.
-¿Busca algo en especial?- le pregunta.
Ella levanta los ojos y le responde.
- -Acá tiene La tregua de Benedetti. ¿Ya la leyó?-le responde estirándole el libro.
- -He leído poco de este autor, sobre todo poesías, soy una lectora algo temperamental, en este momento quiero a Cortázar o algo que se parezca.
-¿Qué tal Borges o Sábato?
Esta vez piensa mucho más y él está convencido que ha logrado convencerla pero al final obtiene la misma respuesta.
-Quiero a Cortázar.
-Siento decepcionarla pero no hay nada de Cortázar en este momento a la venta.
Suspira como cuando alguien se entera de la muerte de un ser querido.
-Era mi última esperanza esta librería. Me dijeron que si no estaba acá no encontraría en otro lugar.
-¿Tan importante es? -pregunta extrañado.
-Como mi vida, hace quince días me prestaron Bestiario y quedé enamorada de esa forma inusual de escribir, que se encuentra entre el límite de la realidad y la locura. Casa tomada es alarmante pero en el fondo en todos los relatos se puede palpar los traumas de niños y adolescentes.
-Tengo en mi casa “Final del juego”.
Le toma el brazo como si hubiera ofrecido droga a un adicto.
-Te lo regalo, pero dentro de cuatro horas, después que cierre la librería.
Piensa que gritará por el gesto, pero termina suspirando nuevamente.
-¿No me toma el pelo?
-A mi edad creo que no sería bien visto.
Los cincuenta y cuatro años disimulados por un cabello negro sin canas y una piel hidratada, le dan en ocasiones aires de vanidad y en otras de seguridad.
-Voy a la Universidad y regreso antes de que cierre.
El tiempo transcurre lento ya que la clientela es poca ese día.
A la hora indicada, ya se dispone a retirarse solo a su casa, pensando que no ha sido tomado en serio por la chica, cuando la ve venir apresurada.
-Disculpe la tardanza, se tardó un poco la clase.
-No se preocupe.
Caminan un rato lentamente sin hablarse, como los dos desconocidos que son.
Él rompe el silencio.
-¿Qué estudias?
-Arte.
Logra asombrarlo con la respuesta, dado su expresión crítica de la literatura podía jurar que era una de esas estudiantes efusivas de Letras.
-¿Cómo es que no estudias literatura?
-Era una opción pero creo que estoy en medio de un dilema existencial del que aún no sé qué resultará.
La juventud con sus eternos dilemas.

Hay quienes los viven y quienes lo esquivan, igualmente quienes lo buscan y quienes los crean.
Los tiempos cambian pero los estudiantes y sus problemas siempre son los mismos, solo la circunstancialidad les separa de las igualdades.
Extracto del “Capítulo I” de mi novela “El Librero”

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