Hola a tod@s
En el post de hoy os cuento mi experiencia como ayudante de cocina en el campamento de verano al que van mis hij@s. Es una de esas experiencias que marcan, porque nunca imaginaba el trabajo que había en las cocinas hasta que he pasado por ellas. Te puedes hacer una vaga idea, pero no de lo que realmente se trata.
Ha sido tan solo una semana pero parece como si hubiese sido un mes, porque han sido días intensos donde nos hemos reído, hemos trabajado de valiente, acabábamos derrotados por las noches, pero sobretodo ha sido muy gratificante ver como monitores y niñ@s venían a darnos las gracias o a decirnos que les había encantado.
Y es que hasta los niñ@s mal comedores tienen hambre en los campamentos y suelen comer de todo. Ir de campamento enseña en muchos ámbitos, y uno de ellos es el culinario, ya que cada día hay que comer lo que hay, ni más ni menos, nos gusta más o menos. No hay más opción.
La preparación también es larga e intensa porque hay que buscar menús equilibrados y adaptados en caso de intolerancias, alergias y demás. Nosotros nos organizamos por tareas que íbamos rotando en cada comida y la verdad es que el equipo de cocina hemos funcionado de 10. Con un solo turno y 8 personas para 110 acampados lo hemos llevado muy bien, teniendo en cuenta que ninguno de nosotros nos dedicamos a la hostelería ni nada parecido.
En los campamentos parroquiales como el que nos ocupa, los padres/madres tenemos que echar una mano porque contratar la comida o a alguien que cocine vale mucho dinero, así que los que podemos porque tenemos vacaciones o los que se las cogen, nos aventuramos con la experiencia, y ya van 4 años.
De momento vamos a descansar y aprovechar las vacaciones que nos quedan, y el año que viene más y mejor.
La siguiente foto es de la comida del último día, donde hicimos pollo al horno, y que encantó a todos los acampados. Las siguientes, algunas de las instalaciones del campamento de Biar, donde hemos estado este año.
Espero que os haya gustado 😊 y que tengáis muy buen día 🌞. Un saludo