La enredadera subía,
envolviendo a un ventanal
de un altísimo edificio
en la calle principal.
“Está tan alto, tan alto
-proclamaba a los demás-
que si me caigo, me caigo,
¿qué me podría pasar?”
Y un pequeño pajarito,
que en sus ramas se posó,
viéndola tan asustada,
osado le preguntó:
“¿Qué te pasa si es tan bello
volar, volar y volar?
¿Por qué temer a la altura
si es mejor mirar de acá?”
Y sin pensarlo dos veces,
el pájaro abrió las alas
y fue en busca de una nube,
con la mayor libertad.
Entonces la enredadera
se aferró a aquel ventanal,
miró todo desde arriba,
cual si pudiera volar,
y aprendió que su destino
no lo podía evitar.
Moraleja:
Sube también, pequeñito.
No te debes asustar.